La noticia de que Bolivia sigue siendo un país de lavado libre de dinero llega en medio de un muy mojado carnaval, por las lluvias y los juegos con agua.
Las peores noticias siempre les llegan en carnavales a los bolivianos, y siempre llegan cuando sus gobernantes están muy entretenidos con otros temas, o son cómplices o no quieren aguar la fiesta popular.
El fallo del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) de la ONU dice que las medida tomadas por el gobierno para reducir la presencia del lavado de narcodólares no han sido suficientes.
Y se nota que no han sido suficientes. A juzgar por la prisa con que algunos venezolanos están comprando empresas bolivianas, usando seguramente recursos limpios, muy limpios, las barreras levantadas no les asustan.
La Revolución Bolivariana está llegando a Bolivia en forma de monopolios modernos. Simón Bolívar no soñó jamás con que su ideal de una sola nación sudamericana se cumpliría mediante la compra, con dineros de origen extraño, de las empresas de la región.
Así como llegan maletines repletos de dólares a Argentina, pasando por Bolivia, hay otros recursos que, seguramente a través de canales similares, permiten a algunos empresarios venezolanos comprar las empresas bolivianas.
¿Alguna autoridad boliviana habrá preguntado a los nuevos ricos que llegan de Venezuela de dónde provienen sus recursos, cómo los han transferido? Para que hayan llegado a controlar medios de comunicación, comprados en efectivo, con dinero contante y sonante, y que sean dueños de un ferrocarril, de la mayor aceitera, y estén avanzando en otros sectores, quiere decir que se trata de recursos por los cuales el gobierno boliviano da su palabra de haber verificado el origen.
Por el momento, las consecuencias de que Bolivia esté en la lista gris del mundo por el lavado de dinero sólo afecta a los bolivianos que viven en el sector legal. Pronto podrían ser perjudicados incluso los pagos por exportaciones legales. Sería el triunfo de lo ilegal sobre lo legal.
Se ha convertido en una enorme complicación incluso los giros de exterior para agencias de viaje. No es un país en cuarentena financiera pero las condiciones se han endurecido en todos los niveles.
GAFI dice que tiene recomendaciones muy bien definidas que envió a los gobiernos de países observados, pero que Bolivia no ha cumplido ni siquiera con un tercio de esas exigencias.
En un idioma diplomático, el informe dice que la reprobación de Bolivia se produjo “a pesar de todos los esfuerzos hechos por el gobierno”, lo que equivale a decir que los esfuerzos fueron en dirección equivocada.
El gobierno nacional tendría que saber que esta situación perjudica a Bolivia. No es muy satisfactorio saber que Bolivia figura en una lista donde está también Irán, Corea del Norte, Cuba, Myamar y otros, que son considerados “paraísos financieros” porque allí todo está permitido.
Mientras esta imagen del país es una vergüenza para la mayoría de los bolivianos, quienes tienen la obligación de gobernar miran para otro lado.
Feliz carnaval, un mojado y lavado carnaval.
conversaciones, tertulias, confidencias trascendentes del pasado, de la actualidad y del futuro
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viernes, 17 de febrero de 2012
jueves, 16 de febrero de 2012
Carlos Cordero oportuno y acertado cuando puntualiza la recomendación discreta pero firme de las NNUU al Gobierno de SEEM sobre el momento político de persecución y conflictos. Había pasado mucho sin un documento así.
Ha pasado relativamente desapercibido para la opinión pública el comunicado emitido por la oficina en Bolivia de las Naciones Unidas, en el que manifiesta su preocupación por la espiral de conflictos sociales que vive el país y por el clima de hostilidad gubernamental hacia personalidades políticas de oposición.
Que después de seis años de gobierno y de reiteradas denuncias, uno de los organismos internacionales más destacados en la cooperación, asesoramiento y asistencia técnica al Estado, de actuación pública, en general discreta, cautelosa y diplomática, haya hecho conocer su opinión, recomendaciones y advertencias sobre la situación política interna del país, en los respetuosos pero claros términos en los que abordó la conflictividad y las acciones gubernamentales trae significativas y saludables consecuencias para las relaciones con entidades de cooperación internacional, el Gobierno y a favor de quienes hasta ahora han sufrido en soledad y estoicamente la violencia del Estado.
El Sistema de las Naciones Unidas en Bolivia —en el marco del comunicado— manifiesta “su preocupación por los conflictos sociales y territoriales que se desarrollan en diversas regiones… y en particular sobre la persistencia de la polémica acerca de la situación del Territorio Indígena Parque Isiboro Sécure (Tipnis)”. De igual manera, “ante la frecuencia de casos judiciales que involucran a personalidades políticas de la oposición, Naciones Unidas desea manifestar su recomendación, nuevamente, de que los mismos sean tratados por las autoridades competentes en un marco de estricto apego a la imparcialidad, la presunción de inocencia, el debido proceso y la más alta transparencia, según establece la Constitución. De esta manera, los ciudadanos tendrán la confianza de que las instituciones y la justicia bolivianas actúan con eficacia y respeto por los derechos humanos de todos y todas por igual.”
Para enfrentar los diversos conflictos y la persecución política, Naciones Unidas en Bolivia “hace un llamado a todos los actores sociales e instituciones públicas involucrados a hacer los mayores esfuerzos, en el marco de la legalidad, para avanzar hacia soluciones concertadas a estos problemas, a mantener una actitud tolerante y de diálogo; a evitar descalificaciones a los que piensan diferente; a deponer actitudes agresivas, y a utilizar siempre medios pacíficos para hacer escuchar sus demandas.”
Lo que se debe destacar del documento señalado no es tanto la valentía para romper con un silencio cómplice sobre lamentables situaciones que vive Bolivia desde hace varios años, denuncias que realizaron oportunamente gremios periodísticos, medios de comunicación, Iglesia católica y líderes de opinión, sino la apelación a la tolerancia, el diálogo y recursos democráticos para resolver la crisis que vive el Gobierno y la sociedad boliviana.
El autor es politólogo
El autor es politólogo
martes, 14 de febrero de 2012
el país que yo quiero expresa Claudio Ferrufino que administre un cambio real, basta de Melgarejos, sin las mafias del narcotráfico, no apocalíptico, ni convertido en esclavo de intereses ajenos que morirá cubierto por "su whipala" de modo indeleble
Cada gobierno tiene sus acres defensores, es normal. Y más los autoritarios, dictatoriales, los antidemocráticos que intentan permanecer para siempre en sus laureles.
Intentan inmiscuirse en todo, remozar la fábula negra que los libros de George Orwell retrataron; quieren, vaya osadía, regular artes y oficios, dictar las reglas de lo que se puede escribir y lo que no, en ánimo de encontrar gracia con su servilismo. Los hay censores que bajo manto de creencia u obligación actúan, como aquel Gran Inquisidor que en León Feuchtwanger secretamente admiraba a Goya, y que tuvo la brillantez de secuestrar su obra pero no destruirla. O simples patanes que balbucean el idioma, y lo hacen mal, para ejemplificar el mundo que vendría de permitirles nosotros el trono ilimitado. No hay que ignorarlos, porque representan el peligro de la oscuridad, latente y posible además, pero tampoco darles espacio de medrar a costa nuestra.
Se firman leyes y después se las borran. ¿Gobernar escuchando al pueblo? Al pueblo mudo tal vez, que concede la oportunidad de definir por él. Pero la historia es asunto dinámico. Nadie, nadie, llega a omnipotencia tal de control absoluto. Sencillo, pero no cabe la población entera en las cárceles, y por más millones que se eliminen, maten, ejecuten, no existe amo con capacidad de frenar la explosión demográfica, que hombres y mujeres sigan pariendo vástagos que a pesar de las circunstancias llegará el día en que piensen por sí mismos y tengan propia conciencia del bien y del mal. Es carrera o juego perdido de antemano, señores mandamases. Es posible comprar algo de aire, asegurarse el futuro económico por desmanes realizados, pero ¿eternos?, ni Dios, amigos, que por ahí aparece un Nietzsche que de la noche a la mañana lo borra de un trazo.
Imaginar un país distinto al que siempre fue parece un imposible. Se acumuló error tras error, se vetaron razas, colores, se hurtó y explotó sin misericordia. Remontar una caída, permanente en nuestro caso, es reconstruir lo roto, administrar un proceso de cambio real, no un cambio de mando con prerrogativas imperiales. Ya basta de Melgarejos, que entre otras cosas fue quien legó a Bolivia la lacra de la “contribución” indigenal y su secuela de pongueaje y esclavismo. Hoy se somete al “pueblo” a otro pongueaje, el de las mafias internacionales del narcotráfico, con la salvedad que pareciera éste ser dadivoso en las ganancias. Sin ánimo apocalíptico no queda más que decir que de esta dependencia, resultado entre varias cosas del pésimo manejo de políticas y recursos durante toda la historia republicana, acabará con nosotros. No se ve, todavía, denle diez años de permanencia y verán si desean quedarse. La patria es una abstracción, a veces un sentimiento, ambos vaporosos e inestables. Si la patria ya no sirve, entonces...
El asunto de los parques nacionales y tierras de origen es solo el principio de la experimentación. Y del fin. Bolivia no tiene con qué defenderse del veneno que ha penetrado profundo -ayudado y permitido-. Cuando los que mandan, con la alegría que da la riqueza fácil, ya no estén, ése que los defiende hoy verá que los asideros que creía firmes se evaporaron, y que de pronto se convirtió, otra vez, en esclavo de intereses ajenos y superiores. Con suerte le permitirán que cuando muera la wiphala cubra su ataúd de cartón. Al narco no le interesan las minucias de la raza y el derecho.
Intentan inmiscuirse en todo, remozar la fábula negra que los libros de George Orwell retrataron; quieren, vaya osadía, regular artes y oficios, dictar las reglas de lo que se puede escribir y lo que no, en ánimo de encontrar gracia con su servilismo. Los hay censores que bajo manto de creencia u obligación actúan, como aquel Gran Inquisidor que en León Feuchtwanger secretamente admiraba a Goya, y que tuvo la brillantez de secuestrar su obra pero no destruirla. O simples patanes que balbucean el idioma, y lo hacen mal, para ejemplificar el mundo que vendría de permitirles nosotros el trono ilimitado. No hay que ignorarlos, porque representan el peligro de la oscuridad, latente y posible además, pero tampoco darles espacio de medrar a costa nuestra.
Se firman leyes y después se las borran. ¿Gobernar escuchando al pueblo? Al pueblo mudo tal vez, que concede la oportunidad de definir por él. Pero la historia es asunto dinámico. Nadie, nadie, llega a omnipotencia tal de control absoluto. Sencillo, pero no cabe la población entera en las cárceles, y por más millones que se eliminen, maten, ejecuten, no existe amo con capacidad de frenar la explosión demográfica, que hombres y mujeres sigan pariendo vástagos que a pesar de las circunstancias llegará el día en que piensen por sí mismos y tengan propia conciencia del bien y del mal. Es carrera o juego perdido de antemano, señores mandamases. Es posible comprar algo de aire, asegurarse el futuro económico por desmanes realizados, pero ¿eternos?, ni Dios, amigos, que por ahí aparece un Nietzsche que de la noche a la mañana lo borra de un trazo.
Imaginar un país distinto al que siempre fue parece un imposible. Se acumuló error tras error, se vetaron razas, colores, se hurtó y explotó sin misericordia. Remontar una caída, permanente en nuestro caso, es reconstruir lo roto, administrar un proceso de cambio real, no un cambio de mando con prerrogativas imperiales. Ya basta de Melgarejos, que entre otras cosas fue quien legó a Bolivia la lacra de la “contribución” indigenal y su secuela de pongueaje y esclavismo. Hoy se somete al “pueblo” a otro pongueaje, el de las mafias internacionales del narcotráfico, con la salvedad que pareciera éste ser dadivoso en las ganancias. Sin ánimo apocalíptico no queda más que decir que de esta dependencia, resultado entre varias cosas del pésimo manejo de políticas y recursos durante toda la historia republicana, acabará con nosotros. No se ve, todavía, denle diez años de permanencia y verán si desean quedarse. La patria es una abstracción, a veces un sentimiento, ambos vaporosos e inestables. Si la patria ya no sirve, entonces...
El asunto de los parques nacionales y tierras de origen es solo el principio de la experimentación. Y del fin. Bolivia no tiene con qué defenderse del veneno que ha penetrado profundo -ayudado y permitido-. Cuando los que mandan, con la alegría que da la riqueza fácil, ya no estén, ése que los defiende hoy verá que los asideros que creía firmes se evaporaron, y que de pronto se convirtió, otra vez, en esclavo de intereses ajenos y superiores. Con suerte le permitirán que cuando muera la wiphala cubra su ataúd de cartón. Al narco no le interesan las minucias de la raza y el derecho.
viernes, 10 de febrero de 2012
Yury F. Torres apela a la memoria colectiva y retrotrae la figura de "esa mujer. Eva Perón" ciertamente un fenómeno sico-social ingrediente de la historia política argentina que nos tocó de cerca.
El efecto que alcanzó la figura de Evita tiene implicancias mitológicas ya que recorre inexorablemente por los avatares de la propia sociedad argentina, “deslizándose entre las luces de lo que no fue y de las oscuridades de lo que pudo haber sido”, como dice la contratapa de la novela “Santa Evita”
Como hubo mujeres que significaron la hecatombe para la vida de los hombres, también hubo mujeres que influyeron significativamente en el devenir glorioso no sólo de la existencia de un hombre específico, sino que su aura envolvente alcanzó a la sociedad misma. Un ejemplo inequívoco: Eva Duarte de Perón que no sólo cautivó a Juan Domingo Perón, sino a la propia Argentina. Su trascendencia adquirió aristas mitológicas. Su carisma se propagó inexorablemente en el tiempo. Hace pocos meses, cuando la presidenta de la Argentina, Cristina Fernández, salía airosa en las elecciones presidenciales que la reelegían como mandataria de su país, algunas mujeres militantes pertenecientes a una agrupación que reivindicaba el legado de la protectora de los descamisados alzaban pancartas alusivas a ella y vitoreaban entusiastamente la victoria histórica de Fernández. En ese instante, Evita espectralmente aparecía, una vez más, cabalgando por el imaginario argentino.
Cuando uno recorre no sólo por la historia política, sino por otros parajes de la vida cultural de la Argentina, la presencia inconmensurable de Evita está presente revelando que la devoción de los argentinos por esta mujer-mito sigue intacto, y, aun más, no tiene parangón alguno. No es casual que uno de esos espacios donde la imagen de Evita se mantiene incólume en el imaginario argentino se desliza precisamente en (o por) la literatura.
Efectivamente, la literatura argentina recupera aquel episodio que inclusive adquirió ribetes mitológicos: el embalsamiento del cuerpo inerte de Evita. Este cuerpo luego se convirtió en protagonista merced a la belleza en vida y a la hermosura etérea producto del trabajo del embalsamador español Pedro Ara que inclusive desató el deseo sexual de sus guardianes fúnebres. De este cuerpo se hicieron varias copias, en su recorrido azaroso por varios campos santos durante más de dos décadas, el cuerpo de Evita perturbaba a cualquiera que se le acercara y, a la vez, se constituía en un ícono esperanzador para un pueblo que se encontraba a la deriva y depositaba su esperanza para que la fallecida se transformara en un ave fénix.
El deseo que exhalaba ese cuerpo se ha convertido en una metáfora que sucumbió con su hechizo a los propios escritores argentinos. Es el caso de Rodolfo Walsh con su cuento “Esa Mujer” (catalogado por la crítica literaria como el mejor cuento argentino) y Tomás Eloy Martínez con su novela magistral “Santa Evita” se dieron a la tarea de escribir sobre aquel deseo convertido en un éxtasis eterno provocado por Evita y de su impronta en la memoria de los argentinos. Una idolatría de sus descamisados, casi una necesidad por la madre. Como si fuera un seno henchido de mieles a los cuales labios sedientos buscan a su protectora, el pueblo arenga: “Eva Perón/tu corazón/nos acompaña sin cesar. Te prometemos nuestro amor/con juramento de realidad”, así Martínez narra la fidelidad inconmensurable de los argentinos por la figura de Evita.
La literatura se convierte en una vajilla donde se coloca el deseo. Es la ficción que se sublima a la realidad, en la que la realidad y la mitología se encuentran, se confunden, se entretejen. Aquel cuerpo embalsamado de Evita desencadena deseos y esperanzas. Una imagen surrealista al servicio del mito. Como dice el Coronel, personaje del cuento de Walsh: “-Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...”. El efecto que alcanzó la figura de Evita tiene implicancias mitológicas ya que recorre inexorablemente por los avatares de la propia sociedad argentina, “deslizándose entre las luces de lo que no fue y de las oscuridades de lo que pudo haber sido”, como dice la contratapa de la novela “Santa Evita”.
martes, 7 de febrero de 2012
sale al foro Juan del Granado "es engañoso, es tramposo" el tema de Consulta Previa cuando el contrato está firmado y en ejecución los tramos I y III de la odiada carretera por el TIPNIS
El líder del Movimiento Sin Miedo (MSM), Juan Del Granado, calificó este martes de "tramposo, engañoso" al proyecto de Ley de Consulta Previa para construir la carretera Villa Tunari - San Ignacio de Moxos por el Tipnis, pues tiene la finalidad de abrogar la Ley Corta 180 que protege al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure.
En conferencia de prensa, Del Granado pidió al presidente Evo Morales dejar sin efecto la Ley de Consulta, caso contrario advierte con tomar acciones legislativas y jurídicas como presentar un recursos de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional Plurinacional.
"El MSM quiere señalar que es un proyecto de ley inconstitucional, tramposo y engañoso. Hay dos finalidades que son visibles, él primero, es derogar la ley 180 de protección al Tipnis y él segundo, es el de convalidar, ratificar y ejecutar la construcción de una carretera que supone contratos lesivos al Estado con un sobreprecio de más de 100 millones de dólares", manifestó Del Granado.
En la oportunidad, el exalcalde paceño cuestionó la consulta que se prevé realizar en el Tipnis para la construcción de la carretera, cuando ya está en ejecución el tramo I y III de la ruta Cochabamba - Beni. Además que, pese ha haberse aprobado la Ley y la Reglamentación, hasta la fecha no se rescindió elcontrato con la empresa brasileña OAS.
De igual manera, culpó al presidente Morales de ser el responsable de un posible enfrentamiento entre comunidades de la Confederación de PueblosIndígenas de Bolivia (Cidob) y el Consejo de Indígenas del Sur (Conisur),vinculados con los productores de coca del trópico de Cochabamba, por la construcción de esa vía y defensa del Tipnis.
"El estado de emergencia que declaró la Cidob, se trasformará en una movilización que generará una confrontación entre indígenas, y luego entre todos los bolivianos (…), El MSM considera que el único responsable de lo que vaya a ocurrir con la aprobación de este proyecto de Ley, será el presidente Evo Morales que auspició la marcha del Conisur, además de instruir la redacción de esta ley y querer construir la carretera a toda costa", apuntó.
lunes, 6 de febrero de 2012
"en ambulancia al karaoke" sugiere Gramunt como título para un film chistoso. aunque en realidad resulta de una crítica de Evo a los munícipes que no encuentra cómo utilizar fondos estatales
Cuando la realidad nacional y local necesitan con urgencia que se lleven a cabo tantas obras en beneficio que la población necesita para que la gente viva como corresponde en estos tiempos, resulta que muchas entidades públicas no llegaron a cumplir ni con la mitad del presupuesto anual (del 2011) que tenían previsto. Y no por falta de dinero, sino por incapacidad, por incuria administrativa y, quién sabe si en algún caso, por desviación de fondos públicos a faltriqueras privadas.
El propio Sr. Presidente se lamenta de tales deficiencias pues, por ese camino, difícilmente se alcanzarán las metas de la consigna “Evo cumple”, ni la más elemental, que es la de “vivir bien”. Esta deficiente administración se nota más en los pequeños municipios. Probablemente porque sus autoridades no llegan a manejar los números con la debida facilidad. Este debe ser uno de los motivos porque Don Evo Morales anunció un gran encuentro de autoridades municipales en la próxima semana.
Sea lo que fuere, conviene recordar que el municipio es el núcleo primario de la organización político administrativa del Estado nacional. Es un Estado en pequeño, de grandes, medianas y pequeñas dimensiones. Un municipio cumple con las tres condiciones fundamentales de un Estado: territorio, población y autoridad.
En efecto, un municipio radica en un espacio territorial determinado, el “término municipal”, que en muchos casos, no fue oportunamente delimitado y provoca muchos conflictos de jurisdicción y de recaudación que deberían haberse previsto hace tiempo. El municipio reúne a una población, nativa o sobrevenida, permanente o pasajera, que se junta por el instinto humano de sociabilidad y porque, la colectividad municipal facilita los servicios básicos, las actividades culturales, económicas, de salud, de ocio y otras de común provecho. Por último, una comunidad o un municipio están regidos por una autoridad colegiada local (digo “colegiada” porque presupongo una organización democrática de la ciudad, con su alcalde elegido por los concejales y, éstos últimos, también elegidos libremente por los vecinos). Dicha autoridad colegiada, es la encargada de prevenir, coordinar y realizar las justas aspiraciones del vecindario. Cuenta con sus propios estatutos y “ordena y manda” por medio de ordenanzas y otros instrumentos legales.
Pues bien, visto este panorama, el Señor Presidente ha lamentado que ciertos municipios hagan mal uso de los recursos asignados, hasta el punto de “irse de karaoke” en la ambulancia destinada al servicio de salud. Esta falta intolerable y punible, me lleva a abusar de mi amistad con el experimentado cineasta Antonio Eguino y con el versátil humorista David Santalla para “venderles” la idea de una nueva película que se inscribiría en el realismo mágico boliviano y cuyo guión describiría a unos munícipes, con bata blanca, barbijo y estetoscopio colgado al cuello, manejando una zigzagueante ambulancia y entonando a coro y con voz aguardentosa canciones de amor y de guerra. Así pues, pido que se castigue a los ediles mencionados y me ilusiono con la idea de que nuestros hombres de cine hagan la película.
sábado, 4 de febrero de 2012
Oscar Peña nos lleva a reflexionar sobre "el ser boliviano" y su pensamiento es actual, profundo, reclama respuesta sinceras y francas
Todos los días, frente a incomprensibles acontecimientos que ocupan nuestros días y de cara a inescrutables actitudes colectivas (o sea, nuestras), la cuestión se corporiza en pregunta retadora: ¿qué es ser boliviano? Pregunta engañosamente simple, pero tan difícil de responder que casi siempre optamos por el elusivo recurso de volverle las espaldas y hablar de otra cosa, como si no hubiera nada pendiente. Pregunta para la que existen pocas respuestas. O, también, diez millones de respuestas. Y es este un asunto que rebasa los límites de la curiosidad intelectual, es mucho más importante que lo que aparenta: si no sabemos qué y cómo somos no podemos saber adónde queremos ir.
Los instrumentos profesionales y científicos que debieran ayudarnos en la búsqueda de la clave se muestran faltos de la idoneidad necesaria. No porque carezcamos de excelentes historiadores, que los hay en número considerable y poseen talentos dignos de reconocimiento. El problema es que muchos de ellos se mantienen encerrados en las sacristías de la historia oficial donde prenden velas a santos que no lo son, mientras que los osados revisionistas, que son tan talentosos como aquellos, apenas logran abrirse paso en un campo poblado de siluetas éneas que nos miran con indiferencia. Próceres, patricios y campeones de algo, algunos de los cuales ni saben por qué están ahí.
Lo sustancial del tema es que lo que somos es fruto de la semilla que fuimos ayer y simiente de lo que seremos mañana. De ahí que nuestros problemas son consecuencia, en gran medida, de los errores de la evaluación histórica que se han ido repitiendo desde hace cerca de dos siglos hasta convertirse en verdades impostoras. Necesitamos con urgencia desentrañarnos a nosotros mismos y saber con la mayor precisión posible qué y cómo somos para estar en capacidad de entender nuestra problemática.
Esa urgencia es constante pero se hace más sentida en etapas, como la presente, de cambios y transformaciones en las cuales nuestras discrepancias –políticas, ideológicas, económicas o culturales– se contagian, aumentándola, de la rispidez inherente a tales procesos y son la matriz en la que estallan nuestros desencuentros. No es herejía sostener que buena porción de los conflictos que confrontamos no serían tales si nos conociéramos mejor a nosotros y entre nosotros.
La democracia, tanto como la historia, es aula para dicho aprendizaje. Practicarla con fidelidad a sus exigencias –respeto por las ideas de los otros, tolerancia mutua, apego a la ley sin diferencias entre los de arriba y los de abajo– enseña a conocerse mejor. Otro instrumento de esta pedagogía es el diálogo al que últimamente muchos se muestran reacios.
Es hermoso el oficio de ser boliviano. Tanto lo es que en su ámbito todo sacrificio es un premio y todo avance, aun el más pequeño, un triunfo de lo mejor que tenemos sobre nuestros propios errores. Pero ningún oficio es digno per se: estamparle dignidad es tarea de quienes lo ejercen. De nosotros.
Los instrumentos profesionales y científicos que debieran ayudarnos en la búsqueda de la clave se muestran faltos de la idoneidad necesaria. No porque carezcamos de excelentes historiadores, que los hay en número considerable y poseen talentos dignos de reconocimiento. El problema es que muchos de ellos se mantienen encerrados en las sacristías de la historia oficial donde prenden velas a santos que no lo son, mientras que los osados revisionistas, que son tan talentosos como aquellos, apenas logran abrirse paso en un campo poblado de siluetas éneas que nos miran con indiferencia. Próceres, patricios y campeones de algo, algunos de los cuales ni saben por qué están ahí.
Lo sustancial del tema es que lo que somos es fruto de la semilla que fuimos ayer y simiente de lo que seremos mañana. De ahí que nuestros problemas son consecuencia, en gran medida, de los errores de la evaluación histórica que se han ido repitiendo desde hace cerca de dos siglos hasta convertirse en verdades impostoras. Necesitamos con urgencia desentrañarnos a nosotros mismos y saber con la mayor precisión posible qué y cómo somos para estar en capacidad de entender nuestra problemática.
Esa urgencia es constante pero se hace más sentida en etapas, como la presente, de cambios y transformaciones en las cuales nuestras discrepancias –políticas, ideológicas, económicas o culturales– se contagian, aumentándola, de la rispidez inherente a tales procesos y son la matriz en la que estallan nuestros desencuentros. No es herejía sostener que buena porción de los conflictos que confrontamos no serían tales si nos conociéramos mejor a nosotros y entre nosotros.
La democracia, tanto como la historia, es aula para dicho aprendizaje. Practicarla con fidelidad a sus exigencias –respeto por las ideas de los otros, tolerancia mutua, apego a la ley sin diferencias entre los de arriba y los de abajo– enseña a conocerse mejor. Otro instrumento de esta pedagogía es el diálogo al que últimamente muchos se muestran reacios.
Es hermoso el oficio de ser boliviano. Tanto lo es que en su ámbito todo sacrificio es un premio y todo avance, aun el más pequeño, un triunfo de lo mejor que tenemos sobre nuestros propios errores. Pero ningún oficio es digno per se: estamparle dignidad es tarea de quienes lo ejercen. De nosotros.
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