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sábado, 25 de marzo de 2017

esta crónica de La Tercera, ayuda a entender lo sucedido entre Colchane y Cariquima, zona aymara de Chile vecina de Bolivia, donde se entremezclan el narcotráfico, el contrabando de vehículos, mercaderías y personas. los chilenos denuncian el ingreso frecuente de bolivianos armados y de uniforme.





Los días en la frontera con Bolivia


Sequedad, altura y una relación siempre compleja con los vecinos del altiplano. Colchane y Cariquima, tras la detención de los nueve extranjeros.

Flora Aguirre vive hace 35 años en Cariquima, Región de Tarapacá, a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia. Y junto a su familia subsiste gracias a los cultivos de quínoa y a un pequeño negocio, en el cual las 130 familias que residen en la localidad se abastecen de productos básicos. Es una férrea defensora de su cultura y del pueblo que la acogió, pero está preocupada por los hechos delictuales que, según dice, los complican a diario. Sólo a ella le han sustraído dos vehículos. No sabe quién. Sólo que se los robaron.
A 226 kilómetros de Iquique y a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar, Cariquima se ganó hace algunos años la fama de ser un paso obligado para los contrabandistas de vehículos a Bolivia. Pero hoy, los problemas son otros. La reciente detención en Panavinto, una de las zonas limítrofes con Bolivia, de dos militares y siete aduaneros de ese país, quienes fueron formalizados por robo con intimidación, entre otros delitos, alteró los ánimos en Cariquima.
“Este ingreso de militares bolivianos no es aislado. Una vez llegaron hasta la plaza, con escopetas”, asegura Flora.
Varios residentes de este poblado relatan más incidentes. “Hemos tenido robos de camiones y de autos. Sólo contamos con la ayuda de Carabineros. Y ahora sumamos que hemos pillado a muchos militares bolivianos en nuestro territorio. Tenemos que andar cuidando hasta nuestras llamitas”, cuenta Eugenio Challapa, de 74 años, ganadero.
Antonio Moscoso, presidente de la única junta de vecinos de Cariquima, evita hacer acusaciones. Dice que la localidad ha cambiado. Que se ha modernizado, con teléfono, conexión a celulares y radio. Celebra que haya un puesto militar y la perspectiva de que pronto poseerán energía eléctrica durante las 24 horas. “Los mayores problemas los tenemos con el paso de algunas personas”, cuenta, indicando hacia la frontera.
Vivir en la comuna de Colchane no es fácil. Fuera de las condiciones geográficas, la lejanía con la capital de la Región de Tarapacá y el aislamiento, han tenido que enfrentar una constante migración de sus residentes hacia los centros más poblados, principalmente Alto Hospicio. Allí sus jóvenes buscan continuar sus estudios y oportunidades de empleo. Ahora, los residentes son más bien adultos mayores y turistas.
Esa realidad la conoce el alcalde de Colchane, Javier García. “Tenemos un gran tránsito de personas por el paso fronterizo, flujo de camiones y vehículos por el comercio con Bolivia desde la Zona Franca. Esa condición también está asociada al ingreso de ilegales, contrabando y tráfico de drogas. Nos sentimos estigmatizados y abandonados. Queremos cambiar esa realidad”, explica.
A juicio del edil, se necesita reforzar la labor policial en la zona. “Contamos con un grupo de carabineros que hacen todo lo posible con los medios que tienen a su alcance. Pero lo que pasó en Panavinto no es nuevo para nosotros”.
No todo es malo, eso sí. El flujo comercial entre las localidades fronterizas de Chile y Bolivia también es parte del día a día. “No reclamamos contra eso, pues todos somos hermanos de la misma comunidad aymara, pero los abusos y los robos en contra de los residentes no se pueden tolerar”, subraya el alcalde.
El subprefecto rural fronterizo de Carabineros, teniente coronel Cristián Alarcón, explica que ya hace años que se reforzó el despliegue en la zona, para fiscalizar los 14 pasos no habilitados que tienen en los 170 kilómetros de frontera que resguardan: “Tenemos un trabajo permanente con las comunidades, especialmente en Colchane. Hemos establecido lazos y medios de comunicación directo con ellos, lo que nos permitió, por ejemplo, en Panavinto, actuar rápidamente, llegar al lugar y detener a los militares y aduaneros en suelo chileno”.
El oficial policial precisa que la frontera presenta los delitos propios de un área transnacional, fundamentalmente ligados al tráfico de drogas, la trata de personas, paso de vehículos ilegales y el contrabando de productos, que van desde aves exóticas hasta millonarios cargamentos de cigarrillos.
La PDI, en tanto, ha ejecutado una labor a través de un Equipo Antinarcóticos Frontera (Efron), un grupo especializado creado como experiencia piloto para el combate del narcotráfico.
En Colchane y Cariquima, por ahora, el aire sigue enrarecido.

viernes, 24 de marzo de 2017

nada menos que en The New York Times, el diario mayor del mundo, su suplemento en espanol, un ácido comentario contra "el emperador desnudo" las contradicciones de Trump, sus desaciertos, dudas y cavilaciones. leerlo enriquece conocer la Casa Blanca de cerca. Vale.


El presidente Donald J. Trump y el secretario de servicios sociales, Tom Price, llegan a Capitol Hill en Washington. Credit J. Scott Applewhite/Associated Press
El presidente Donald J. Trump y el secretario de servicios sociales, Tom Price, llegan a Capitol Hill en Washington. Credit J. Scott Applewhite/Associated Press

El emperador Trump está desnudo

MADRID — Ya vimos esta película. El estafador que había encantado a muchos con sus polvos mágicos, ya no puede sostener su mentira mucho tiempo más: alguien lo ha señalado de una vez y, sí, el emperador camina en público sin otra ropa que su propia piel. Donald J. Trump mintió durante las primarias republicanas, pero aquello sólo parecía un show gracioso pues, vamos, era sólo la competencia interna del conservadurismo. Siguió mintiendo en la carrera presidencial, pero la sociedad todavía podía distraerse mirando hacia Hillary y sus emails indiscretos. Ahora, al frente del poder, cuando todos los focos apuntan hacia él, ya no hay donde correr: Donald J. Trump está desnudo.
En su último intento por fugarse de la realidad, Trump acusó por Twitter al presidente Barack Obama de intervenir su Trump Tower durante la campaña presidencial. Ante el Congreso esta semana, James Comey, el director del FBI, desmintió toda posibilidad: no hay evidencia de tal espionaje. Ahora es posible que Trump procure salvar la cara otra vez. ¿Es baladí suponer que retuitee a un ignoto conspiracionista que acuse a alguna extraña división de la burocracia gubernamental —el supuesto “Deep State”— de investigarlo sin permiso de sus jefes? Alguien podría deslizarle —Twitter es tan delicioso— la evidencia de un Ethan Hunt olisqueando en sus cosas y él, con el dedo intranquilo, reproducirlo sin pensarlo dos veces. Tal vez la CIA y el FBI trabajen para Angela Merkel. O tal vez Comey sea un espía dormido enviado por los bad hombres de México.
Trump parece un discípulo aplicado de Joseph Goebbels: miente que alguien se lo creerá. A mayor el desastre, mayor la fabulación, la provocación y la amenaza. En la lógica de Trump siempre se trató de correr hacia delante. No enfrentar las consecuencias: escapar. Culpar a alguien más. Esquivar responsabilidades. Esas fueron las lecciones que le enseñaron sus principales mentores: su padre Fred y Roy Cohn, un abogado de la era McCarthy. Trump las aprendió a pie juntillas. El problema es que, ahora, las decisiones no son de los demás: es su gobierno, es el presidente de su gobierno. El monarca de sus propias decisiones. El emperador, otra vez, desnudo.

Como un anciano aburrido que pasa demasiadas horas frente a la TV, el presidente de la mayor potencia del mundo abraza teorías conspiranoicas para usarlas en su favor. Cada vez que el escándalo lo rozó, Trump apeló a sus mecanismos de defensa tradicionales: matar al mensajero, manchar a sus acusadores, distraer con un invento tan grande que no podía ser otra cosa que verdad. Mentir.

Seis hombres clave en su campaña y gobierno —Paul Manafort, Roger Stone, Carter Page, Michael Flynn, Rex Tillerson, Jeff Sessions— tienen vínculos más o menos cercanos con la Rusia de Vladimir Putin. No un vecino, sino el hijo que lleva su propio nombre, Donald Trump Jr., admitió que su familia recibió dinero de los oligarcas de Moscú de manera “muy desproporcionada”. Cuando esos vínculos fueron revelados —y reiterados, una y otra vez— Trump acusó a alguien más de mentir para dañarlo. La prensa —el Partido del “fake news”, los enemigos del pueblo americano—, ha sido su adversario favorito. Tiene perfecto sentido llamar mentirosos a quienes descubren mentiras: si acabo con mis fiscales, ¿quién queda para acusarme?

El mecanismo del escalamiento de fabricaciones recuerda “la piel de zapa” de Balzac. Con cada mentira nueva se hace más corta la manta de la credibilidad. La inverosimilitud se hace amiga cercana del ridículo manifiesto. Y gobernar Estados Unidos no puede ser un pasatiempo de distraídos o incapaces. Ya vemos el resultado del emperador al desnudo: cuando no llevaba 45 días en el poder, tres altos funcionarios —y su propio vicepresidente— habían contradicho y corregido en público al presidente Donald J. Trump. Estados Unidos empieza a sonar como el canto trágico de los imperios en caída: no hagan caso al rey, que vive en su mundo; el poder real lo ejerce la corte.

En realidad, el poder real también es de la sociedad. Los oportunistas en los gobiernos suelen aprovechar la incertidumbre para forzar un mundo más a su medida, pero la sociedad civil de Estados Unidos tiene capacidades para dar esta pelea. Cuando consiguió que un juez rechace la primera prohibición de ingreso de migrantes musulmanes al país, la Unión de Libertades Cívicas de Estados Unidos (ACLU, por su sigla en inglés) demostró que hay canales institucionales para confrontar mentiras peligrosas convertidas en acciones políticas. La primera Marcha de las Mujeres el día de la inauguración es otro ejemplo: confrontar el discurso del presidente de Estados Unidos como promotor de la violencia discursiva, paso previo de la violencia social y política, es un imperativo general que excede a cada grupo social.

Días atrás, la sección Gray Matter de The New York Times publicó un artículo donde Philp Fernbach y Steven Sloman explicaban por qué creemos con tanta facilidad mentiras evidentes. Los individuos, dicen, no estamos preparados para separar hechos de ficción: la ignorancia es nuestro estado natural. El secreto de nuestro éxito como humanos, sostienen Fernbach y Sloman, es nuestra habilidad para perseguir metas complejas juntos, dividiendo el trabajo cognitivo. “El conocimiento no está en mi cabeza o en la tuya”, afirman. “Es compartido”. Desarrollar y defender el conocimiento que permite exponer la farsa es también una empresa colectiva.

El trabajo que hacen la prensa, las organizaciones sociales y hasta el FBI por forzar al gobierno de Donald J. Trump a abandonar el delirio ficcional y gobernar de manera realista es parte de la lucha de la sociedad estadounidense contra la ignorancia, la mentira y la manipulación. Mientras espera por las próximas elecciones legislativas para recuperar mayor racionalidad democrática, la sociedad civil deberá denunciar sin respiro los embustes del emperador desnudo.

El hechizo del emperador se acaba cuando es el último en la línea para dar cuenta por su responsabilidad. Cuando ya nadie más queda para ser acusado de sus propias decisiones. Donald J. Trump seguirá estando más desnudo cuanto más sea señalado con el dedo. Y estará definitivamente expuesto cuando los ojos de sus votantes también descubran el tamaño de sus mentiras. Este último paso no será inocuo, pues comenzará a suceder cuando las decisiones económicas, sociales y políticas del gobierno alcancen sus bolsillos y libertades.

miércoles, 22 de marzo de 2017

de los años que viví en Siglo XX, recuerdo bien a "los jucus", ladrones de minerales. eran los mismos mineros, que en lugar de "laborear" se dedicaban a robar, sus bolsas de ropa y comida se mezclaban con el mineral sustraído que luego, ya fuera de los socabones vendían a los rescatadores por miserias, mientras éstos acudían al Banco Minero por un precio mayor. "los jucus" eran una maldición y toda la guardia empresarial "los serenos" se esmeraban en perseguirlos.


Ladrones de mineral


Humberto Vacaflor Ganam

Comibol acaba de hacer un descubrimiento: en Huanuni operan los ladrones de mineral. Un descubrimiento que equivale a descubrir que algunos aduaneros cobran a los contrabandistas, o que los ministros cobran comisiones por los contratos, o que todos los días sale el sol.
La existencia de los ladrones de mineral de Huanuni es una historia antigua. Puede ser que haya comenzado cuando las minas tuvieron propietarios. O quizá comenzó con la existencia de la empresa estatal, Comibol. Al día siguiente de su creación, o simultáneamente.

La noticia del “descubrimiento” se dio cuando se acababa de descubrir también un caso de compras con sobreprecio en YPFB, caso que pasó a las manos de la Contraloría, una institución que nada sabe de corrupción, por supuesto.

Cuenta don Valentín Abecia Baldidieso, en su libro Los Mitayos de Potosí, que ya en la colonia existía el robo de minerales. La eterna lucha entre la economía y la política, como dice Loretta Napoleone en su libro “La economía canalla”.

Si el Estado no puede controlar a las empresas privadas, menos podrá contralar nada si se trata de empresas estatales. Los “jucus”, ése es el descubrimiento, están en todas partes, no solamente en la minería.
En Huanuni han sido detenidos 19 “jucus” que deberán responder a los jueces. Quizá tengan que comenzar revelando los nombres de las personas o empresas que compran el producto de sus robos. Y no vaya a ser que, en esas pesquisas se descubra que en Huanuni hay muchos ladrones de mineral, algunos con cargos públicos, otros con salarios en la propia empresa saqueada, unos con uniformes y otros sin uniforme pero todos ansiosos.

Ya que las autoridades están en el papel de investigadores, habría que sugerirles que descubran qué empresa compra el mineral robado, cuál es la voz de mando, si deben escabullirse los ladrones cuando aparece un policía, o alguien de la empresa, o debe tomarlos como aliados.
Una guía de los descubrimientos que se avecinan será conocer el detalle de los camiones chilenos que los militares bolivianos, acompañados de aduaneros, capturaron en la frontera, pero fueron detenidos por los carabineros chilenos.

Y se descubrirá que todo está contaminado, que la corrupción no distingue nacionalidades ni banderas, y mucho menos fronteras. Que estamos tomados.

Pero hay orden de no rendirse.

sábado, 18 de marzo de 2017

dos fallos judiciales ilustran una justicia venal, obediente y sometida al Ejecutivo, no administra justicia sino que cumple órdenes. Los Tiempos asume los casos de Leopoldo y Ernesto y de Carmelo Lens y de Samuel Doria Medina. imperdible lectura

Dos fallos judiciales han vuelto a poner en el primer plano de las preocupaciones colectivas en nuestro país el tema relativo a la falta de independencia, confiabilidad y respetabilidad de nuestro sistema judicial. Es que a la muy cuestionable condena que ha sido impuesta contra el exprefecto de Pando Leopoldo Fernández por los enfrentamientos ocurridos en Porvenir el año 2008, se ha sumado el encarcelamiento de Ernesto Suárez, exgobernador de Beni.

Como se recordará, además de haber sido las principales autoridades de sus respectivos departamentos en años pasados, ambos personajes tienen en común haber sido candidatos a la Vicepresidencia en las elecciones generales de 2009 y 2014, respectivamente. Es decir, tuvieron un papel protagónico en el escenario político de nuestro país.
Sobre el primer caso, el de Leopoldo Fernández, el principal resultado que han dejado los casi nueve años del proceso judicial es que los aspectos esenciales de lo que ocurrió en esas jornadas no han sido dilucidados por la existencia de intereses sectarios con alta capacidad de presión sobre jueves y fiscales, y no han sido citados a declarar, ni como testigos, figuras clave de ese trágico acontecimiento que pertenecen al oficialismo y cuya actuación ha sido decisiva para, por lo menos, incentivar la violencia.

El caso de Ernesto Suárez, aunque sin llegar a tener las complejidades del anterior, también una clara muestra del sometimiento del Órgano Judicial a los designios de las fuerzas gubernamentales, a lo que se suma la muy extendida corrupción entre operadores del sistema judicial, dos males que cubren de dudas y desconfianza fallos claramente inspirados en consideraciones que poco tienen que ver con la justicia y la legalidad.

Lo mismo puede decirse de la situación actual de Carmelo Lens, otro exgobernador de Beni, quien ha sido condenado a prisión bajo el peso de acusaciones carentes de sólidos fundamentos.

Sin llegar a esos extremos, pues el acoso judicial no siempre pudo concluir en el encarcelamiento, hay muchos otros ejemplos que dan sustento a la percepción de que el sistema judicial ha sido degradado a la condición de instrumento puesto al servicio de las pugnas políticas. Entre estos se destaca el caso de Samuel Doria Medina, varias decenas los exfuncionarios estatales, líderes nacionales o locales que, al ser vistos como obstáculos para el proyecto hegemónico dominante, son objeto del acoso judicial.

Por supuesto, en medio de tan negativo panorama, hay todavía algunas excepciones pero, aplicando aquello de que la excepción confirma la regla, los operadores de justicia que en algún momento se atrevieron a dar alguna muestra de independencia pasaron a engrosar las filas de los encausados.

Como enseña la experiencia propia y ajena, nada bueno se puede esperar cuando la justicia se rebaja a la condición de instrumento al servicio del abuso de poder, y tarde o temprano los victimarios ocupan el lugar de las víctimas. Es de esperar, aunque fuera sólo por un mínimo de sentido de la prudencia, que se ponga límite a las pulsiones autoritarias que durante los últimos tiempos han vuelto a hacerse sentir.

jueves, 16 de marzo de 2017

valioso el testimonio que Carlos Toranzo recogió de un empleado público.. "marché dos veces, una por Evo, otra por el NO" es el dilema de muchos bolivianos que tienen un sueldo del Estado y una conciencia con el pueblo que rechaza las malas acciones de Evo Morales. he aquí el relato y la percepción del analista.

Me llegó al alma lo que me dijo un señor al finalizar el 21 de febrero de 2017, cuando ya caía la noche: hoy día marché dos veces, esta mañana, obligado por mantener mi trabajo, bajé desde El Alto, aunque   yo vivo en la ciudad, en la hoyada, caminé con la bandera que me dieron, por cuidar el pan de mis hijos; y ahora en la noche, con los pies hinchados, lo hice obligado por mi conciencia, por defender la libertad, la libre expresión, el respeto a las leyes. ¡Admirable el señor!

 Había muchos que bajaron desde El Alto, pero como ese señor primero tuvieron que subir; los más, funcionarios públicos obligados a marchar, portando banderas que no sienten en su corazón, sino sólo cuidando su trabajo y el pan de sus hijos. Pero, no sólo cuidaron el pan de sus hijos, sino también marcharon en la noche precautelando su dignidad, ese bien que procuran no perder, a pesar de que los obliguen a ir a marchar donde se quiere defender lo indefendible.

 Algo pasó el 21 de febrero de 2017, la gente que no está con el Gobierno, los ciudadanos -jóvenes y viejos- que defienden la Constitución, que defienden el voto del 21 de febrero, le ganó la calle al MAS. ¡Eso es mucho decir! ¡Marca algo! Antes el MAS era el dueño de la calle, pero ahora, ese día, una marcha, una concentración de gente de todos los orígenes le ganó la calle al MAS. Ganó la dignidad de las personas, a las políticas de gobierno de obligar a la gente a marchar por algo que no aprueban.

 También era una señal extraña que los cocaleros, feudo social de Morales, ahora de los Yungas, se opongan a Morales y sean reprimidos por el jugador de fulbito.

 San Francisco se llenó, como en las mejores épocas de recuperación de la democracia, en ese octubre memorable de 1982. ¡Gracias La Paz, gracias Bolivia por tener alma de defensa de la democracia! Quizás ese 21 de febrero muchos salieron a las calles recordando el octubre de 1982, quiere decir que en muchos bolivianos está presente la memoria de la defensa de la democracia. Gracias a la vida que eso sea posible, pues nos da fe en el futuro.

 Por temor a las represalias, muchos canales de TV se abstuvieron de mostrar lo que pasaba en San Francisco. En algunos casos pasaron flashes breves de contados minutos. Los entendemos, hay que subsistir, pero todos pudimos ver lo que pasaba en San Francisco, en Oruro, Pando, Cochabamba,  Tarija, Potosí. Todos sabemos que el NO ganó en las calles, todos sabemos que creemos en el futuro, entendemos, la gente nos lo dijo, que es posible cambiar las cosas.

 Vergüenza para quienes lo hicieron -desde la trinchera de los medios de comunicación como ATB- con la publinota de Gabriela Zapata. Pero el tiro les salió por la culata, pero ¿no será que quieren dividir a la oposición y bajar el perfil de los potenciales candidatos de la oposición, en especial de los más viables?

 Más allá de todo, la población boliviana, en todos los rincones del país, mostró dignidad frente a ésos que decían defenderla y que han perdido sus valores morales.   Los que asistieron a las marchas, a los actos del NO  no vinieron a recoger una ficha, vinieron a recuperar su dignidad, su voz. Todos ellos dijeron que desean democracia y no autoritarismo, dijeron que hay que recuperar los valores y la ética que fue abandonada por quienes aman el poder y sólo el poder.

 Los que marcharon por el NO no dijeron petulantemente que son la reserva moral del país, sólo dijeron que basta de autoritarismo, basta del exceso de coca que va a la cocaína,   basta de gasto superfluo, basta de prepotencia, basta de saber si tienen   o no hijos, si los enterraron o no; basta de museos de arrogancia futbolera, basta de prepotencia que avergüenza, basta de obsecuentes que escriben libritos para mantener a sus ministerios, basta de montajes con El Porvenir o el caso del supuesto separatismo, basta de violaciones de los  derechos humanos, basta de tomar oficinas de la defensa de los derechos humanos, basta de matar cooperativistas sin rendir cuentas, basta de matar el medioambiente, basta de reprimir a indígenas.

 El 21 de febrero dijo basta de reprimir a la democracia. Si el 21 de febrero de 2016 fue un hito de la democracia, el 21 de febrero de 2017 lo fue dos veces. Tengamos fe, defenderemos la democracia frente al autoritarismo. Tenemos futuro en democracia.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

miércoles, 15 de marzo de 2017

sin éxito las gestiones de Bolivia ante Brasil para modificar trazo del biooceánico enlace por tren. lo cierto es que Perú y Brasil prescindieron del paso por Bolivia, sin embargo de buenos argumentos a favor, no se modifica la actitu del vecino. la Ley de Coca será otro escollo en unas relaciones precipitadas por una espiral autodestructiva señala con acierto Roger Cortez del Instituto Alternativo.

Si Dilma, en un giro improbable pero no imposible, recuperase la presidencia del gobierno en Brasil, ¿cabe esperar que su país nos compre electricidad, firme un nuevo contrato de compra de gas favorable a nuestros intereses y modifique el diseño del tren bioceánico?

La deuda y el reconocimiento del PT y de la presidenta Rousseff con el Jefe de Estado boliviano son grandes, tomando en consideración lo mucho que éste ha arriesgado al expresarse tan ruidosamente por su permanencia y lapidando a su reemplazante, en un acto de reciprocidad pura, ya que ella y Lula libraron duras batallas para apoyarlo en horas inciertas.

La manera en que el presidente Morales decidió expresar su gratitud le ha costado una profundización -si cabe- de la antipatía que le obsequia la derecha brasileña, cuya inquina complica los afanes de la cancillería boliviana para resolver tres cuestiones de las que depende gran parte del programa gubernamental, actual y futuro.

Aún antes del pleito con el gobierno de Temer, cada una de las aspiraciones bolivianas ya tropezaba con formidables obstáculos. Aunque el contrato gasífero está prácticamente asegurado, ya se nos ha advertido que será bajo condiciones nuevas y mucho menos ventajosas, empezando por el hecho de que Petrobras adquirirá sólo la mitad de lo que podamos suministrar, mientras el saldo deberá negociarse con agentes privados. Nuestra mayor desventaja en esta negociación radica en que nuestras reservas actuales no garantizan la satisfacción de la demanda.

Esa debilidad se hace más evidente cuando la diplomacia boliviana le implora, infructuosamente, a Brasil que modifique la decisión, adoptada durante el gobierno del PT, de diseñar el tren bioceánico -segundo asunto- sin pasar por territorio boliviano. No se nos ha hecho saber cuáles fueron las consideraciones de Brasil y Perú, cuándo decidieron firmar un acuerdo que excluyó a Bolivia, pero nuestra debilidad institucional para garantizar el cumplimiento de un convenio que puede verse afectado por crisis sociales es un dato a tomarse en cuenta, especialmente con la vigencia de un régimen corporativista clientelar.  

Las negociaciones para que las nuevas autoridades peruanas expresen su buena voluntad para corregir ese diseño han sido exitosas, porque los argumentos económicos  y ambientales con que se respalda la petición boliviana son dignos de tomarse en cuenta, pero hasta ahora el Brasil no se da por enterado. 

Sobre la compra de electricidad -tercer asunto-, todas las ofertas bolivianas anteriores han tropezado con la posición estatal brasileña que se inclina por comprar energía producida en la  frontera o muy cerca, no a más de 1.000 kilómetros,   como la del Chepete y, menos, a precios mayores de los que ellos manejan con su propia generación.

Los dificultades para lograr acuerdos ajustados a nuestras expectativas eran ya bastante grandes antes del cambio de gobierno en Brasil,  con la recepción que le dio el Presidente boliviano al nuevo mandatario la situación empeoró, especialmente en lo referido a la venta de electricidad. Ahora, con la recientísima aprobación de una ley de la coca, que será interpretada por el Brasil como una agresión frontal contra su seguridad interna y la salud pública, queda de manifiesto que el gobierno del MAS es presa de su propia dinámica que provoca y lo precipita en una espiral autodestructiva, donde cada problema que parece resolver le genera otros más grandes y complicados. 

Así, la reacción brasileña y de otros países ante la nueva legislación de la coca actuará como un lastre en varias de nuestras causas internacionales, incluyendo las que se ventilan en la Corte Internacional de La Haya, aunque las autoridades bolivianas intenten explicar que no se están aumentando los cultivos.

El corporativismo que era la fuerza del Gobierno se ha convertido en su gran debilidad, porque la necesidad de mantener lealtades parciales lo indispone con el resto de la sociedad y lo empuja irremisiblemente a elevar las barreras que se interponen en  la consecución de sus más caros sueños.

Roger Cortez Hurtado es director del Instituto Alternativo.

domingo, 12 de marzo de 2017

aCarlos Valverde encuentra la razón para la sentencia en contra de Leopoldo Fernández. Justificar que hubo ofensa al Estado, que los culpables son condenados, que se hace Justicia con la causa nacional. el juez César Portocarrero ha cumplido la orden del Vicepresidente olvidando su juramento de juzgar sobre hechos reales, que en este caso no pudieron ser hallados. lo de Pando afirma Carlos lo armó el Gobierno,así como armó la sentencia.

La verdad es que me parece exagerado que el Tribunal de Sentencia haya necesitado “deliberar por 130 minutos” para aplicar sentencia a Leopoldo Fernández, Evin Ventura, Herman Justiniano y Marcelo Mejido. Y digo exagerado el tiempo tomado porque el país sabe que el poder político necesitaba esta sentencia para justificar los abusos cometidos contra los procesados antes mencionados y qué sentencia condenatoria iba a haber.

Puede ser que los jueces ‘técnicos y ciudadanos’ hayan necesitado dar la apariencia de que ellos fueron verdaderos responsables de un juicio que debió haberse declarado extinguido por el paso del tiempo y de ahí la demora, pero es claro que la sentencia, en sus diversas aplicaciones, se manejó en el seno del poder político, es decir del Gobierno, que sabía que, de declararse inocente o extinguido el proceso, se abría a un juicio de ‘lesa humanidad’ y en tribunales internacionales (entiendo que igual va a llegar allí), habida cuenta de las violaciones a los derechos humanos cometidas en estos ‘102 meses’ de ‘juicio’.

“Se condena al acusado Leopoldo Fernández a la pena de 15 años de cárcel por el delito de homicidio en autoría mediata”, dijo el juez César Portocarrero, presidente del tribunal judicial que ejecutó la orden política. 

Cuando escribí el libro ¿Qué pasó?, aseguré: “Pando, desde nuestro punto de vista, se constituye en el espacio en el que el Gobierno decidió demostrar a lo que estaba dispuesto para no perder el pleito con las regiones que componían la llamada media luna. Para ello, ya no se trataba solo de matar, como había hecho en otros lugares del país; esta vez era necesario ir más allá, se trataba de llegar al extremo de hacer matar a su propia gente para resolver un tema en el que estaba perdiendo... la apropiación de parte del IDH de las regiones y la reforma constitucional que abría la posibilidad de la reelección presidencial estaban en juego y había que asumir el riesgo máximo”. 

“El 9 de septiembre, en el programa Sin letra chica, advertí y denuncié que el Gobierno estaba enviando campesinos a Pando desde Riberalta, y señalé que el riesgo de enfrentamiento era evidente”. 

“Lo de Pando era, y fue, una guerra... los extremos políticos habían llevado a ciudadanos bolivianos a enfrentarse por disputas de quienes estaban resolviendo sus diferencias en el lugar en el que menos se pensaba se podía dar, pero se dio... en Pando”. 


El fallo es para ‘cerrar’ un hecho político que necesitaba un cierre judicial para dar la impresión de que el Gobierno (el Estado) fue víctima, cuando lo cierto fue que todo se generó por una decisión política. Lo de Pando lo armó el Gobierno y la sentencia, también. En un lado usaron a campesinos y en el otro, al sistema judicial