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viernes, 27 de abril de 2012

Como nadie jamás lo habría imaginado han sido los médicos de nuestro país quienes en el ejercicio del legítimo derecho que les asiste para defender sus conquistas sociales, así como para oponerse ante la arbitrariedad, ejercitadas por el actual Gobierno del MAS en contra del sector salud, quienes sin pensarlo han servido de una especie de detonante social en el marco de una situación social muy complicada y en la que por donde se mire se respira un aire de bronca frente a la situación de incertidumbre y desazón que envuelve al país.

Tenemos al frente a un Gobierno que no gobierna, que es ineficiente e ineficaz, y que ha demostrado que no es capaz de administrar adecuadamente recursos económicos jamás registrados en cuanto a su monto y/o cantidad se refiere y con los que el Tesoro General de la Nación cuenta en la actualidad.

Recursos que provienen de los ingresos que percibe el país por las apreciables cotizaciones que hace buen tiempo rigen en materia de gas, petróleo, y minerales, recursos económicos y cuya inexistencia fue siempre la gran queja de los anteriores gobiernos que se sentían incapaces de poder satisfacer las distintas demandas sociales; en cambio en la actualidad la situación es completamente distinta dado que tenemos a un Gobierno que cuenta con suficiente disponibilidad de recursos económicos, pero el gran problema radica en que este Gobierno no tiene ni cuenta con los profesionales adecuados como para manejar correctamente el país, de ahí que lo que hoy reina en el ámbito de la función pública es la ineficiencia y la improvisación.

Son estas realidades de insatisfacción en el ambiente colectivo, las que han sido desatadas por la actitud de los médicos, cuyas medidas de presión cuentan con respaldo ciudadano, y a cuyas medidas se han agregado las demandas de otros sectores siempre golpeados como el sector de la educación.

En este escenario de descontento, tenemos también a sectores sociales cuya participación activa en la lucha social marcarán el camino que le toca recorrer a este Gobierno; así tenemos hoy día a los verdaderos indígenas en pie de lucha, en defensa de derechos y garantías constitucionales que les son conculcados por este extraño proceso de cambio. Así como a la clase trabajadora exigiendo en las calles mejores salarios. La respuesta del Gobierno ha sido la de la represión que alcanzará su límite ante la protesta ciudadana y que pondrá en disyuntiva a una Policía Nacional como nunca antes tan manoseada.

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