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domingo, 19 de junio de 2011

Cayo Salinas compara Brasil, Perú Bolivia y a sus timoneles Lula, Humala y Evo que si continúa ligado a Cuba y Venezuela tiene mucho que perder, mientras Perú saldrá adelante!


Nada hará detener la capacidad de los pueblos de integrarse y de buscar mejores oportunidades de negocios. Ningún país, medianamente serio, puede darse el lujo de automarginarse,  desoyendo las reglas del mercado y pensando que con arengas contra el modelo liberal puede imponerse una visión de Estado que le sea contraria y antagónica. Nadie sobrevive bajo esas condiciones o por lo menos, si logra  hacerlo, sólo alcanza para  llegar a ese umbral, nada más.  Lula se dio cuenta que debía ser Presidente del Brasil y no del PT, y le fue como le fue. Jamás interfirió con el mercado y con las reglas básicas que norman la conducta empresarial brasilera. Por algo y no por nada,  en este momento ese país es la octava potencia del mundo y su expresidente goza de una popularidad innegable. Hizo las cosas correctamente al no caer en la muletilla del “cambio”, y no la utilizó como si fuera la receta que indefectiblemente todos los gobernantes deben usarla cuando ejercen la presidencia de un país. En otras palabras, ¡no fue demagogo!
Y es que pensar que todo lo pasado es malo y creer que por enarbolar el cambio todo será mejor, es tanto como mirarse en un espejo y autoconvencerse que eres ¡irresistible!, cuando no es así.  
Por otro lado, pareciera que con Humala en el Perú acontecerá lo mismo. Lejos de Chávez para no recibir influencias malsanas y cerca de quien sabe hacer las cosas –Brasil– el Presidente electo está de gira con traje y corbata por delante, al fiel estilo inglés, estructurando los lazos políticos en el orden internacional que sostengan la economía peruana luego del remezón de las bolsas a raíz de su victoria.  Y como a veces es bueno mirar debajo del agua, nada más reparen en el hecho que el inefable Estados Unidos (para los socialistas del Siglo XXI) supo moverse tan bien en el Perú, que jugó a ambos bandos en la perspectiva  de que cualquiera de los dos candidatos en las urnas pudiera triunfar en la segunda vuelta: mandó a Vargas Llosa y Toledo  a apoyar un Ollanta y a Hernando de Soto a Keiko Fujimori. Lo importante era 1) garantizar que Chávez no tenga un aliado más que ponga en riesgo el gran momento por el que atraviesa la economía peruana gracias a la excelente gestión de Alan García, y 2) desestabilice en mayor grado los pesos y contrapesos en esta parte del Continente.
Como puede observar, las cosas están planteadas de tal manera que al final lo que prima con  la política y diplomacia de por medio, es la capacidad y habilidad para hacer negocios. Integrarse, ser parte de  acuerdos comerciales, vender más, exportar con valor agregado cuidando el consumo interno, ser hábil en el manejo de la cosa pública y no rehuir al mercado porque siempre estará ahí y jamás se irá, es la receta que debe mover los hilos en la conducción de un país.
Así y sólo así se reducirá la pobreza. Lo entendió Lula y parece que Humala va por el mismo camino. Ya abrió  la posibilidad de vender gas a Chile dejando de lado razones ideológicas, mientras en Bolivia se continúa  con el discurso de “ni una molécula para Chile” y sin las señales adecuadas para mejorar el negocio del gas en aquello que todo país precisa: inversión extranjera.
Termino aquí: mientras sigamos apostando a un modelo de Estado fracasado como el cubano o el venezolano, relegaremos la oportunidad de lograr el salto hacia el crecimiento y reducir la lacerante pobreza que lastima a importantes sectores de la sociedad boliviana.  

El autor es abogado

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