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sábado, 18 de diciembre de 2010

Caso Rózsa y la Caravana de la Muerte (I)

Primero. la trágica historia de la Caravana de la Muerte.
Augusto Pinochet se había hecho del poder en Chile, derrotado, muchos dicen asesinado a Salvador Allende que no lograba articular un gobierno socialista. Todo había quedado en un intento y en una serie de graves errores económicos y políticos que produjeron el efecto de unir a la oposición, de atrincherarse a las agrupaciones de derecho y de convencer a los militares que su misión iba a ser "salvar a la Patria" de sus destructores.
Sentado en el Palacio de la Moneda y rodeado de fuerzas militares el generalote tenía que poner en marcha su plan cuya primera etapa consistía en soplar a sus opuestos. No debería quedar ningún vestigio de oposición. La reconstrucción requería de todas las fuerzas posible y de ningún estorbo. Desaparecida como estaba la Democracia, sin congreso, sin partidos políticos, sin sindicatos, correspondía "gobernar" o sea mandar y que todo el mundo obedeciera.
Sin embargo no todo caminaba sobre rieles. Las dificultades se hacían ostensibles, entonces sacó de la manga el primer proyecto para imponerse por el terror, la detención de miles de "agentes del comunismo" de tantos que eran apenas si cupieron en el Estadio Nacional, en las graderías para más de 20 mil espectadores, el asesinato de varios cientos en cuestión de pocos días de dirigentes sindicales y estudiantiles y de adeptos al desaparecido Presidente, ni la expulsión de los primeros cientos de exiliados acogidos a la Iglesia y a las Embajada...nada era suficiente, habría que actuar de una manera drástica y entonces sucedió lo de la "Caravana de la Muerte" con dos objetivos, a esta altura no sabemos cuál de ellos era el determinante, parece ser que el segundo.
El primer objetivo lanzar señales al mundo de la firmeza de Pinochet sobre sus oponentes a los que llamó "agentes bolcheviques infiltrados en Chile", se trataba de un grupo de unos pocos cientos de activistas del régimen depuesto, plenamente identificados antes del golpe y que se encontraban en cárceles y cuarteles dentro y fuera de Santiago. Organizó un grupo igualmente selecto de oficiales de las tres armas, a quienes encomendó la "sagrada tarea de terminar con los enemigos de Chile". Partió la Caravana cuya historia figura en los libros del Chile Agredido al que pronto la prensa y el pueblo identificó como "de la muerte".
Contaban con todos los recursos posibles. Armas. Efectivos. Dinero y especialmente un poder delegado con "permiso para matar". La Caravana inició su macabra misión en el Norte vale decir de Arica para abajo y terminó en Valdivia, Caupolicán, Magallanes. Llegados al puesto militar exhibían sus credenciales y pedían la presencia de los detenidos. Confrontaban las listas y "al paredón" los mataron sin asco. Ejecuciones sumarias sin figura de juicio y sin dar lugar a reclamo alguno. Algo más de un centenar de ajusticiados, de cuyo ineludible destino daban cuenta al Jefe del Estado por teléfono y la Caravana, esa comisión de "asesinos" partía al próximo destino.
Años más tarde, algunos de los oficiales que participaron de tal "compañía de matones", arrepentidos de su accionar criminal e imperdonable explicaron que el segundo objetivo de Pinochet fue asegurarse de "la lealtad de los suyos" convertidos en cómplices de toda la vida, complicidad selladas con la sangre de víctimas inocentes en que se cebó la lujuria humana del Dictador. Dejamos aquí el relato y saltamos a la comparación que vamos a establecer.
Tan grande fue el impacto de lo obrado por "La Caravana..." que desde muy temprano Pinochet impartió instrucciones. "Hay que borrar todo vestigio de culpa" y como él mismo lo aseguró más de una vez, "me costó tanto borrar las huellas" que en su intención sacrificó a muchos otros, unos para que callasen lo que sabían, otros para se comprometan con él en el reparto de las granjerías que proporciona todo posesionamiento del mando de un país. (fin de la primera parte)

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