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jueves, 23 de junio de 2011

Karem Aráuz conocedora del tema explaya ideas y relieva hechos de la política argentina cuando Cristina Fernández decide lanzar a la contienda electoral. Excelente trabajo Karem!

Estaba tratando de desenmarañar hasta qué punto puede estar afectando al kirchnerismo el último escándalo sobre la millonaria estafa de las supuestas santas Madres de Plaza de Mayo, colaboradas por el adoptado Schoklender,  cuando casualmente y gracias al zapping en un aburrido feriado impuesto, me encontré con que en cadena nacional argentina, Cristina Fernández anunciaba oficialmente su candidatura, ovacionada, como no podía ser de otra manera, por su habitual claque  y miembros de su gobierno.

La proximidad de la Copa América, la ruptura del compromiso matrimonial del botín de oro Forlán y la mimada modelo Zaira Nara, o el posible descenso de River, no parecen ser suficientes para lograr entretener a los argentinos y desviar su atención antes que el escándalo tome más impulso en la conciencia ciudadana.  Sin alternativa de más glamoroso momento,  Cristina se lanza cuatro días antes del vencimiento del plazo instituido.

Tenía hasta hoy ingenuamente, lo reconozco,  la idea que finalmente no se dejaría vencer por la tentación de prorrogase y peor aún, correr el riesgo de jugársela el todo por el todo, pues  muy posiblemente, perderá una eventual posición de poder detrás del trono y una indispensable  inmunidad.

Guardando las distancias -sobre todo en lo referido al liderazgo indiscutible de Perón por décadas- la sucesión a la viuda, que mantiene estudiado riguroso luto y compungido semblante, se repite en la historia argentina.

La parejita imperial, hasta la desaparición de Néstor, tuvo la indudable habilidad de capear múltiples denuncias de corrupción desde la época en que él fue Gobernador de Santa Cruz y ella parlamentaria. Pero la habilidad casi de prestidigitador del desaparecido Presidente, no es tan fácil de heredar.

Parte de su habilidad, fue mantener casi cohesionadas a las diferentes ramificaciones del justicialismo.  Diversos analistas del quehacer argentino, opinan que Cristina no tuvo la misma destreza.

Aparentemente su candidatura además de ser rehén de los sindicatos -representado por la agigantada figura de Moyano- estará sustentada más que nada por La Cámpora, organizaciones sociales de izquierda y exjóvenes idealistas, hoy más ocupados en dinero fácil, celulares de última generación, adminículos electrónicos de moda o motos de gran cilindrada y marca.

Kirchner fue muy hábil, si  recordamos con suspicacia -entre otras maniobras de copamiento de las instituciones- acciones como la rápida remoción total de la Corte Suprema de Justicia y la barrida de los líderes de oposición. Un gran candidato como Mauricio Macri, se bajó de la carrera hace tiempo ya consciente del poderoso y tramado engranaje kirchnerista. Inteligente movida. Mejor que sea ella misma la que cargue con sus errores en un próximo período presidencial  y no pretenda volver el 2015, dejando que al campo minado que está legando, lo limpie otro. Sin embargo, quedan en carrera importantes opciones como Duhalde o Alfonsín.

Cristina hereda entre otras cosas, el apellido y el evidente vínculo con Hugo Chávez, quien enfrenta hoy duras críticas por los millonarios aportes que con el dinero de  todos los venezolanos ha estado apuntalándola (como un Evo Cumple). Estos recursos han ido en  gran medida a la famosa organización de las Madres de Plaza de Mayo, de visible cercanía a la Presidente,  con inversiones en viviendas populares que son un verdadero pozo negro.

La siniestra cara bondadosa de  la abuela Bonafine, pañuelo blanco en la cabeza, se asemeja demasiado a las otras abuelas presentes en los actos de graduación de miles de militantes de un nuevo MRTA que están siendo entrenados en una Provincia tan cercana a Bolivia como es Jujuy, donde las whipalas y las banderas bolivianas se mezclan con la icónica imagen de Ernesto Ché Guevara. Éste es uno de los temas que exigirá explicaciones más pronto que tarde.

Un denominador común de los progresistas, es el uso del poder del estado para intervenir en las decisiones de las empresas privadas en los respectivos países de supuesta seguridad jurídica, en lo que los gobiernos pretenden dictar cómo y dónde reinvertir y distribuir sus utilidades.  En la alocución de autoproclamación, la Sra. Fernández no dejó pasar la nueva oportunidad de recriminar a los medios privados de comunicación por supuestas campañas de desprestigio a lo que en verdad son simple y llanamente, expresiones de rechazo ante las múltiples irregularidades. Otro común denominador por nosotros muy conocido.

Hasta hace un tiempo, muy pocos hubieran protestado por las “inversiones en el proyecto  continental”. Hoy las cosas no parecen estar yéndole muy bien a Chávez –Humala no desea impregnarse de su aroma por ahora- y el nexo política albina-corrupción, es cada día más evidente y genera más y mejores preguntas.

El drama argentino, como de varios de los países que siguieron el fuego fatuo de un pretendido cambio portador de gran felicidad y prosperidad, es que la razzia que se ha hecho con las instituciones políticas, deja momentáneamente a la gente con escasas expresiones formales de oposición. Las cosas empezarán a cambiar en el momento en que como en el judo, se animen a usar la fuerza contraria en beneficio propio.

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