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lunes, 4 de febrero de 2013

José Pumacusi entrevista a Leopoldo Fernández en el post operatorio de un cáncer de riñón, "no le temo a la muerte" seguiré luchando por mi libertad al cabo de 4 años de prisión"


Noté que dos lágrimas empezaban a iluminar sus ojos tristes, él pretendió que nada pasaba y su hija Pamela me seguía contándo cómo fue que él, su esposa y sus hijas se enteraron del cáncer de riñón. El relato era conmovedor. Este viernes, tras una semana de la cirugía de cinco horas y con cinco médicos en la que le extirparon de manera radical todo el riñón izquierdo afectado por un tumor canceroso pude, por primera vez, ver derramar dos lágrimas a Leopoldo Fernández.
Se insinuaron, después se pronunciaron con más contundencia y Leopoldo Fernández, primero hizo como quien al paso se toca un ojo. Y después hizo lo mismo con el otro, intentando controlar la situación. No contaba con que esas dos lágrimas estaban incontenibles. Y comenzaron a invadir sus mejillas … y a él no le quedó otra opción que, ahora sí, estrujarse los ojos y limpiarse con resolución esas dos lágrimas rebeldes.
Ya antes yo lo había entrevistado en circunstancias difíciles, en la cárcel de San Pedro primero y en la de Chonchocoro, después. Nunca quiso quebrarse, siempre pretendió mostrarse inquebrantable, aunque yo le decía que no le creía tanta fortaleza. Ahora, está más golpeado. Y le cuesta disimular.
El último mes perdió nueve kilos, se ve cansado y en las cuatro horas que estuve con él, en una pieza de la Clínica Cemes, en San Jorge, en La Paz, vi entrar una enfermera al menos cada media hora para darle medicinas, medirle la temperatura o pincharle el abdomen, por donde permite la faja que cuida la herida de la cirugía.
La esperanza
Este Leopoldo versión 2013 espera ilusionado y preocupado el jueves 7 de febrero. Ese día la justicia decidirá si termina su detención preventiva para defenderse y sobre todo curarse en libertad. Para él ese día pueden haber dos buenas noticias: una, que le digan que queda libre; la otra, que decidan que guardará detención en su casa.
Y puede haber una mala noticia: que los jueces decidan que tendrá que defenderse y curarse desde su celda en la cárcel de San Pedro. “Dicen los médicos que yo no puedo volver a una cárcel y que debo ser tratado en un lugar adecuado que no puede ser una celda. Me explicaron que tras extirpar un riñón canceroso, la persona necesita cinco años de atención permanente, que hay muchos riesgos, que el cáncer puede reaparecer en varios órganos y que no tener la atención debida sería una irresponsabilidad”, dice Leopoldo Fernández.
Nueva cirugía
“Debo ser operado de la próstata, aunque el descubrimiento en la última semana de la tuberculosis hepática (en el hígado), que contraje en la cárcel, complica y quizá demore ahora esa nueva cirugía”, continúa. Fernández tiene, además de ese cáncer y la próstata crecida cuatro veces su tamaño normal, hipertensión, poliglobulia (“agravada en Chonchocoro”, dice él), obstrucción pulmonar por haber sido fumador crónico (“no fumo más”, explica) y tuberculosis hepática.
¿Y la muerte?, le pregunté al final. “A la muerte no la espero, pero no le temo, no me aferro a la vida, pero tampoco le abro los brazos a la muerte, solo que no quisiera hacerle las cosas tan fáciles, lucharé por mi vida como estoy luchando estos cuatro años preso y sin sentencia por un delito que no cometí”, fue su respuesta




Al lado de Fernández están su esposa, sus hijas Pamela y Gigi, y una tía, Leda Soria, la que le presentó a su esposa hace cuatro décadas

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