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domingo, 6 de septiembre de 2015

renuncia de Achacollo, largamente esperada se produce cuando ya era imposible para EVO tapar el escándalo de una Administración que puso una cortina negra sobre negociados a granel por ingentes cantidades del Tesoro

Después de todos los escándalos que se desataron a raíz de las denuncias de asalto flagrante a las arcas del Fondo Indígena, la mayoría de los ciudadanos esperaba con impaciencia la renuncia de la ministra de Desarrollo Rural y Tierras, Nemesia Achacollo. La funcionaria no tenía disculpa posible, porque, fueran quienes fueran los que se beneficiaron con el traspaso de recursos públicos a cuentas particulares, alguien debió fiscalizar ese dinero y la ministra Achacollo no podía eludir su responsabilidad al ser la cabeza del sector.

No se sabe si la ministra Achacollo renunció por voluntad propia o por presión de un Gobierno que desea lavar su imagen, aunque se piensa que esto último es lo más probable. Finalmente, queda claro que, en estos tiempos, el Gobierno puede sacrificar a sus más fervientes partidarios si con eso salva el renombre del régimen con miras al futuro. Este es un sistema en el que, a falta de prestigio, sacrifica lo que sea por no perder una popularidad que obtuvo desde los primeros meses de administración en que el presidente Morales aparecía como una esperanza de probidad.

De muchas acciones de dudosa corrección que se han visto a lo largo del Gobierno masista, el desfalco en el Fondo Indígena ha debido ser el que mayor costo político ha tenido para Evo Morales, no solo por el inmenso monto de lo defraudado, sino porque ha quedado en duda la afirmación del propio presidente sobre que el MAS en su conjunto era la ‘reserva moral’ de Bolivia. Si quienes administraron el Fondo Indígena por su aparente honradez y defraudaron sus recursos, muy poco se puede esperar de estos tiempos de ‘cambio’, donde lo más importante debería ser cambiar la integridad de los funcionarios gubernamentales.

Poco importa que ahora haya aparecido un Fondo de Desarrollo Indígena con otro empleado público a la cabeza. Modificarle el nombre a la institución o su mando no salva el escándalo ni deberá detener los juicios que están en marcha. Si este Gobierno ha aplicado la ley sin contemplaciones en distintos actos ilícitos sucedidos en el pasado, no será aceptable que hoy se permita la manga ancha en delitos que son una repetición intolerable. La ministra Achacollo tuvo la habilidad de acercarse al empresariado agroindustrial cruceño y de interesarse por sus múltiples problemas –la mayoría producidos por la actual administración–, pero eso no la exime de las responsabilidades que tiene todo alto funcionario del Estado

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