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jueves, 11 de junio de 2015

Erika certera profundiza sobre estilo de gestión paralela y extorsiva, prácticas clientelares, corruptas "sin responsabilidad política", aunque la autora destaca que no es invento del MAS, pero el MAS las exacerba, lo cierto es El Alto está dando un vuelco de 90 grados.

La arremetida de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) alteña contra la flamante Alcaldesa del municipio de El Alto sintetiza un conjunto de malas prácticas políticas y sociales arraigadas en el país. El caso ha desnudado una serie de argumentos antidemocráticos preñados de intolerancia que muy poco contribuyen al desarrollo de los pueblos.
Ahora bien, el análisis de las tensiones producidas en torno al 55 por ciento de votación favorable a Soledad Chapetón y la fallida movilización, debe superar la lógica de identificar ganadores y perdedores de esta prematura pulseta. Sólo así será posible desentrañar lo que verdaderamente está en juego detrás de esta controversia que coloca en la mira ciudadana prácticas clientelares, corruptas e indefectiblemente asociadas a un estilo de gestión paralela y extorsiva de los asuntos públicos “sin responsabilidad política” por parte de dirigencias sociales empoderadas.
Quienes defienden estas prácticas lo hacen en nombre del potencial transformador y revolucionario de las multitudes al extremo de desvalorizar la voluntad popular expresada en las urnas. Esos argumentos son la base del accionar de minorías movilizadas en torno a una diversidad de causas tanto justas como demagógicas. También están aquellos que argumentan su validez en “usos y costumbres” o “procedimientos propios” reconocidos por ley y aplicables al ámbito exclusivo de las comunidades indígenas originarias campesinas social y culturalmente homogéneas, predominantemente rurales y reducidas en población.
La instrumentalización y el manoseo de los usos y costumbres en un contexto urbano intercultural, social y económicamente diferenciado deriva en manifestaciones excluyentes, autoritarias y conservadoras. Queda claro que éstas no nacieron con el MAS aunque, pese a la promesa de cambio, no hizo otra cosa que exacerbarlas. Se incubaron desde hace mucho a partir de transacciones y arreglos políticos prebendales poco transparentes de alcaldes y una dirigencia social amiga del bloqueo de la gestión pública sea para consolidar su poder dirigencial o para demandar respuestas a necesidades insatisfechas de una población altamente sensible al discurso demagógico.
Desde esta perspectiva, prevalece el elogio al desacato al Estado de derecho, clave en toda sociedad que se ha dotado de un conjunto de normas a fin de resolver sus múltiples controversias. Bajo esta premisa no sorprende que un dirigente haya desafiado de manera grosera a la autoridad argumentando la ineficacia de la ley relativa a la designación de subalcaldes frente a la fuerza movilizada de sus bases. En otras palabras, se valoriza la fuerza de la presión más no aquella que emana de la ley. Por ello fue necesario contraponer multitud contra multitud, ¡eso sí se respeta!
A propósito de la falta de convocatoria de la Fejuve alteña, el vicepresidente García Linera ha cuestionado el distanciamiento de la dirigencia respecto a sus bases. Lo que en realidad debiera interpelar autocríticamente es el afán de cooptar a la dirigencia de las organizaciones sociales y de menoscabar su independencia a partir de la oferta de cuotas de poder que desdibujan los límites de las responsabilidades públicas y de las privadas.  Se trata de una fórmula fascista y propia de regímenes comunistas, para asegurar el poder total y, a la que tarde o temprano la sociedad interpela tal como lo hizo en El Alto con su voto.
No hay duda, el momento obliga al debate y a replantear el rol de las OS y su relación con el poder público, reconocer el anquilosamiento precoz de una dirigencia poco amiga de la rendición de cuentas en tiempos de democracia. ¡Vaya paradoja! los que un tiempo parecieron progresistas, hoy simbolizan los más conservador y antilibertario del denominado proceso de cambio.
La autora es psicóloga, cientista política y exparlamentaria.

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