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lunes, 8 de junio de 2015

Susana puntualiza con claridad el significado de Suiza y de China en el contexto de las declaraciones de Evo Motales. su lanzamiento a la cuarta elección. su obsesión por el poder y los ejemplos de hegemonía con la China Comunista que pretende copiar.



   
De Suiza a China

Susana Seleme Antelo





Largo y complejo trayecto ese -de Suiza a China- desde la ideología, la política, la economía y sus respectivas realidades sociales. ¿A qué obedece ponerlo hoy sobre el tapete? Pues hace más de nueve años, el recién electo presidente Evo Morales, anunció que Bolivia sería como Suiza. Quizás pensaba que siendo ambos países mediterráneos, ese futuro deseado era posible. ¿Sabría entonces que Suiza es un país multilingüe, con tres idiomas oficiales, además del romanche, dialecto que proviene del latín? ¿Habrá sabido que Suiza cuenta con un sistema federal democrático, de economía liberal, que respeta la división de poderes y que tiene un alto nivel de vida, sobre la base de la educación y el conocimiento, además de tener amplia cobertura en salud, alta productividad, capacidad innovadora y tecnológica, empleos estables, libertad individual, sólida conexión con mercados externos y excelente infraestructura, entre otras ventajas?

Ahora, olvidada Suiza, reaparece China. No obstante, así como le rondaba la próspera Suiza, también China seducía a Morales. No en vano cuando asumió la presidencia de la entonces República de Bolivia -enero de 2006- afirmó que “no estamos de visita, ni estamos de inquilinos, llegamos para quedarnos…”. Ahora agrega que va a “gobernar para toda la vida”, como en China, subraya. Allí, sus líderes y dirigentes ejercen la dominación política, tal como desea el ‘Vice’ García Linera: como “espacio curvo político unipolar… que no tiene contrapeso y todo gira alrededor de él”, en clave de “geometría euclidiana primitiva” afirma.

Ambas posiciones político-ideológicas rematan en la célebre frase de Morales: “Cuando los abogados me dicen es ilegal, yo le meto nomás y les digo métanle nomás y después lo legalizan, para eso han estudiado”. Así abolieron la democracia representativa, pues en vez de diálogos y acuerdos políticos en el Congreso y sus delegados, se impuso la antipolítica. Es decir, aquella que no rompe necesariamente el orden constitucional del que proviene, se arropa en el terreno de la democracia e ingresa en los procesos electorales de la mano de un líder carismático. Como Evo Morales, Bolivia, de práctica sindicalista, no obrera, sino líder de los campesinos que cultivan hoja de coca, materia prima de la cocaína. La antipolítica encubre solapadamente dictaduras de poderes fácticos, convertidos en muchedumbre corporativa. Son las “masas de acoso”, como explica Elías Canetti, aquí cocaleros, transportistas, gremiales, contrabandistas y afines informales, algunos como única estrategia de sobrevivencia, pero que oscilan entre la ilegalidad y el delito. Sus intereses corporativos particulares, se arropan en la vista gorda del poder político centralista, que vive en acecho a sus presas, vale decir los políticos de oposición.

Esas flagrantes ausencias explican la naturaleza dictatorial de Morales, contradictoria como todo fenómeno autoritario-populista-corporativo, arropado en movimientos sociales, que desplazaron el carácter de clase que definía a las izquierdas de antaño con sesgos estalinistas no pocas de ellas. Todas, en la teoría y en la práctica, sin contrapeso ni equilibro de poderes y en desmedro de la libertad e igualdad políticas y de la democracia. 


Triibunal Internacional de la Haya para que Chile acceda a la solicitud.

En resumen, y ya en tiempos de “vacas flacas” económicamente, pues concluyó la década de oro de los precios del gas y los minerales, ¿quiere Morales una China boliviana? Como apunta Fernando Mires, “Bajo la protección del Estado ‘comunista’ han aparecido en China magnates a quienes son otorgadas facilidades para su enriquecimiento pero bajo la condición de no cuestionar jamás a la clase dominante organizada en el Partido… en nombre del socialismo, ha sido creado un capitalismo perfecto. Un capitalismo sin derechos humanos, sin movimientos sociales y sin huelgas. No extraña así que muchos tecnócratas occidentales se sientan fascinados por el modelo chino. El socialismo chino no es el paraíso de los trabajadores pero sí es, o ha llegado a ser, el de los capitalistas”.

No es esa la Bolivia que queremos. Seguimos queriendo la nunca perdida utopía de igualdad y libertad, de ética y moral públicas para un sistema político y jurídico renovados, de servicio a la ciudadanía, y no la prostitución del poder por el poder.

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