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lunes, 12 de septiembre de 2016

en Brasil y Argentina la Justicia está sentando la mano a los depredados de Lula y de Kristina. cosa buena. en Bolivia la cosa no está bien porque la Justicia está destruída por acción de Evo, aunque nunca se sabe. Humberto toca el tema y nos ofrece ejemplos de empresas del Estado.

El partido de Lula da Silva creó 40 empresas estatales durante los trece años que estuvo en el poder. Ahora, todas están operando a pérdida.
En ese lapso, la cantidad de empleados de las empresas estatales pasó de 35.000 a 67.000, una herencia que el gobierno de Michel Temer debe enfrentar despidiendo a por lo menos 10.000. Y creó 20.000 nuevos cargos públicos cada año. El déficit de las empresas estatales pasó de 1.500 millones de reales a 7.500 millones.
Y se sabe que la deuda externa de Petrobrás es de 120.000 millones de dólares. Un funcionario de esa época “devolvió” 100 millones de dólares que, al parecer, se filtraron en sus cuentas sin él haberlo deseado siquiera.
Es una moda esto de crear empresas y aumentar empleados públicos en los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”.
Una moda que consiste en crear empresas estatales y luego administrarlas tan mal que terminan, de todos modos, siendo deficitarias. Esa es la receta completa.
De esa manera, los empleados de las empresas creadas terminan siendo una carga que deben soportar los ciudadanos que pagan impuestos.
El gobierno boliviano ha hecho grandes logros en esta moda. Según los datos del economista José Luis Jofré, el gobierno boliviano superó al de Brasil por 7-1.
En los diez años del gobierno de Evo Morales, los empleados de las empresas estatales pasaron de 673 a 16.366. Realmente una verdadera inflación de empleados. Una hiperinflación.
En Bolivia, los empleados públicos pasaron, entre 2005 y 2015 de 218.241 a 387.926.
En Brasil, los lulistas ya están en el momento de rendir cuentas. La destitución de Dilma Rouseff fue el primer castigo. Ahora vienen los siguientes. Muchos van a tener que devolver dinero, y mucho dinero.
En Argentina las cosas fueron tan malas que la señora Cristina Fernández está ahora en la disyuntiva de ir a la cárcel por ladrona o por pésima administradora de la cosa pública.
La diferencia con Bolivia es que en esos dos países la justicia quedó más o menos intacta. Por eso es que ahora los corruptos argentinos y brasileños están en problemas.
Es que no fueron previsores. No destruyeron la justicia, como se hizo en Bolivia. Son unos socialistas improvisados.

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