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domingo, 25 de diciembre de 2011

ni pacifista, ni ambientalista, ni justiciero social. más al contrario anti todo nos resultó el cocalero. lo desnuda de cuerpo entero el sesudo Daniel A. Pasquier


Si hay algo que ningún déspota, dictador ni sistema opresor ha conseguido a lo largo de la historia ha sido eliminar la esperanza de vivir en paz, hecho carne en el corazón de miles de millones de hombres y mujeres que practican solidaridad con sus hermanos, buscan vivir mejor para todos, dejar una sociedad más estable donde impere la ley y la justicia. Una canción de Merle Haggard lo resume de manera magistral en aquel verso “The best of the free life is still to come” (1982).
El 2011 desenmascaró al Estado Plurinacional (EP). No fue tan “pluri”, sino un verdadero “oligo” estado; no por oligofrénico, falto de inteligencia, sino por estar gobernado por una audaz logia ansiosa de poder que ha dedicado lo mejor de su esfuerzo a hacer la vida imposible al resto de los conciudadanos. El curar viejas y centenarias heridas opacaron al cínico motor de la causa: el disfrute y goce del poder, casi sin freno ni control. No es herencia de los Incas el respeto a los derechos y la conciencia ajena. Hoy, a pesar de los bastiones de resistencia donde se desprecia el honor propio y ajeno, donde no se reconoce la propiedad privada ni la libertad ni la vida humana, nadie invalida los espectaculares avances. Los déspotas no son bárbaros ni salvajes, configuran una elite de destacados sofistas, hedonistas, materialistas o cultores de ciencias y creencias sin evoluciones racionales, en las que germinan y disimulan culturas y prácticas primitivas de codicia, avaricia y las más burdas perversiones con ropajes exquisitos de lujo y extravagancias. Desaparecieron dos eximios cultores, mediterráneos, M. Gadaffi y S. Berlusconi: el mundo será mejor sin ellos.
Aquí, la marcha de los indígenas del TIPNIS mostró que la impostura pierde terreno. El EPluri se resistió a sostener más mentiras del EOligo, aunque los medios oficiales y el photoshop sean capaces de transformar una anoréxica famélica en gordita alegre. Las piruetas continúan y continuarán. Pero, como recoge un título reciente, el TIPNIS es la marcha que cambió la historia (S. Schwartz y E. Martínez, 2011); ni la CIDOB ni la CONAMAQ volverán fácilmente al redil oficialista. Con esto y el 25 de septiembre, el MAS indigenista, el defensor de los recursos naturales, de los pobres y de la madre tierra, es historia. Conscientes de ello ya en el MAS se han apresurado en declararse desarrollistas, extractivistas, practicantes de la magia negra en el uso de los recursos públicos y sediciosos conspiradores si hace falta para consolidar espacios de poder. Si hay que volver a cambiar las leyes y la misma CPE, lo harán, como lo han anunciado voceros “cuasi oficiales”, los senadores Surco y Martínez, y hasta el presidente cuando dijo “no creo que unos pocos tengan que decidir sobre el destino de los mas”; en alusión a ¿los “pocos indígenas” y el destino del MAS?
Es la marcha atrás. El 2003, Evo, todavía sin el actual Vice al lado, significaba paros, bloqueos, de 9 y veintitantos días, sin misericordia. Muertos y heridos, los únicos que se movían en un lado y otro. Habían balas, además de francotiradores y el Chapare era centro del conflicto, trasladado después a El Alto, por ser más efectivo para las intenciones golpistas; cerca de donde reside visiblemente el poder. Se conformó un “Ejercito de Dignidad Nacional” de campesinos, bien armados; con balas de FAL 7.62. Avanza ¿la insurrección armada? y aumenta el número de víctimas; el “Jefe”, actual presidente, amenazaba al gobierno legal de entonces que “puede desembocar en una guerra civil en el país”. El gobierno insistía en que “Evo retorne al diálogo para tratar el tema de las demandas cocaleras”, mientras ellos insistían sólo en que los militares queden al margen; “Goni” fue a Cochabamba a buscar a Evo varias veces, sin resultado; vino la sucesión de presidentes y la famosa pulseta “vamos a saber quién manda” de Evo a C. Mesa. Entre tanto el Cnel. G. Santiestevan, acantonado en la carretera al Chapare, Comandante de la IX División, “prefirió callar”. Vendría después el Hotel Las Américas, y la persecución por terrorismo y separatismo a la dirigencia institucional cruceña, etc., que hasta ahora acaba.
Paradojas de la historia. Evo el 2006 abrió escenario internacional con apoyo militante de la izquierda transnacional, de los movimientos pro derechos humanos, especialmente indígenas, de los “green” y ambientalistas que conforman redes poderosas de alcance mundial proponiendo límites a los países industrializados y al primer mundo considerado contaminante y responsable de los desastres climáticos en el orbe. Era la voz de los desposeídos, el 2011 es su verdugo. No va más su carta mundial de “pacifista”. Decantó a favor de la causa transnacional antiimperialista, anticapitalista, antioccidental, anticristiana y, lo más notorio, a favor de los “cocaineros”. En sólo seis años el EP es el primer proveedor de cocaína a los países latinoamericanos, centro de producción y tránsito para toneladas de droga rumbo a EEUU, África y Europa.
Evo ha perdido su identidad y enfrenta a la sociedad boliviana, a morir, por la causa cocalera. Ha dado todos los pasos para tener control territorial y extender el cultivo de coca; se fabrica droga hasta en el último rincón del país; el tráfico y el blanqueo de ganancias ha ganado todos los espacios. Pero estaba fuera de cálculo la reacción de una sociedad celosa de algunos valores culturales, con demostrada vocación democrática (son pocas las excepciones), que reniega del abuso, de la imposición sobre lo que debe hacer, debe creer, cómo vivir y, no menos importante, por qué morir. La resistencia de la Bolivia democrática se ha iniciado sin distinción de origen étnico, cultura o región. Una sociedad que en lo profundo confiesa su fe en que “lo mejor de la vida está por venir”. Feliz Navidad a todos, en especial, a los que creen en la libertad y la democracia. Que Dios nos bendiga.

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