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domingo, 12 de marzo de 2017

aCarlos Valverde encuentra la razón para la sentencia en contra de Leopoldo Fernández. Justificar que hubo ofensa al Estado, que los culpables son condenados, que se hace Justicia con la causa nacional. el juez César Portocarrero ha cumplido la orden del Vicepresidente olvidando su juramento de juzgar sobre hechos reales, que en este caso no pudieron ser hallados. lo de Pando afirma Carlos lo armó el Gobierno,así como armó la sentencia.

La verdad es que me parece exagerado que el Tribunal de Sentencia haya necesitado “deliberar por 130 minutos” para aplicar sentencia a Leopoldo Fernández, Evin Ventura, Herman Justiniano y Marcelo Mejido. Y digo exagerado el tiempo tomado porque el país sabe que el poder político necesitaba esta sentencia para justificar los abusos cometidos contra los procesados antes mencionados y qué sentencia condenatoria iba a haber.

Puede ser que los jueces ‘técnicos y ciudadanos’ hayan necesitado dar la apariencia de que ellos fueron verdaderos responsables de un juicio que debió haberse declarado extinguido por el paso del tiempo y de ahí la demora, pero es claro que la sentencia, en sus diversas aplicaciones, se manejó en el seno del poder político, es decir del Gobierno, que sabía que, de declararse inocente o extinguido el proceso, se abría a un juicio de ‘lesa humanidad’ y en tribunales internacionales (entiendo que igual va a llegar allí), habida cuenta de las violaciones a los derechos humanos cometidas en estos ‘102 meses’ de ‘juicio’.

“Se condena al acusado Leopoldo Fernández a la pena de 15 años de cárcel por el delito de homicidio en autoría mediata”, dijo el juez César Portocarrero, presidente del tribunal judicial que ejecutó la orden política. 

Cuando escribí el libro ¿Qué pasó?, aseguré: “Pando, desde nuestro punto de vista, se constituye en el espacio en el que el Gobierno decidió demostrar a lo que estaba dispuesto para no perder el pleito con las regiones que componían la llamada media luna. Para ello, ya no se trataba solo de matar, como había hecho en otros lugares del país; esta vez era necesario ir más allá, se trataba de llegar al extremo de hacer matar a su propia gente para resolver un tema en el que estaba perdiendo... la apropiación de parte del IDH de las regiones y la reforma constitucional que abría la posibilidad de la reelección presidencial estaban en juego y había que asumir el riesgo máximo”. 

“El 9 de septiembre, en el programa Sin letra chica, advertí y denuncié que el Gobierno estaba enviando campesinos a Pando desde Riberalta, y señalé que el riesgo de enfrentamiento era evidente”. 

“Lo de Pando era, y fue, una guerra... los extremos políticos habían llevado a ciudadanos bolivianos a enfrentarse por disputas de quienes estaban resolviendo sus diferencias en el lugar en el que menos se pensaba se podía dar, pero se dio... en Pando”. 


El fallo es para ‘cerrar’ un hecho político que necesitaba un cierre judicial para dar la impresión de que el Gobierno (el Estado) fue víctima, cuando lo cierto fue que todo se generó por una decisión política. Lo de Pando lo armó el Gobierno y la sentencia, también. En un lado usaron a campesinos y en el otro, al sistema judicial 

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