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martes, 31 de enero de 2012

nació en España aunque ama más a Bolivia donde visita enfermos, a los pobres y necesitados. un franciscano en San Ignacio


Tiene 83 años y ya cumplió bodas de oro en el sacerdocio. Está encantado con Bolivia
Cuando empieza a hablar de su segunda patria, lo primero que destaca el presbítero franciscano de nacionalidad española Jesús Muñoz Hernández es el orgullo que siente de vivir y amar a un país como Bolivia, al que califica como encantador. No obstante, admite que faltan sacerdotes bolivianos para trabajar por una iglesia viva, dinámica y encarnada en el pueblo.
Haciendo memoria, este sacerdote de 83 años enarbola el trabajo de los religiosos y las religiosas de la orden franciscana que en varias décadas de presencia en los pueblos chiquitanos dejaron su juventud, sus ideales del reino de Dios y sus huesos en estas tierras de misiones y no quisieron volver a Europa. Las huellas de trabajo humanitario, evangelizador, en el campo social, en la salud y la educación, los llevó a fundar escuelas. Esperaban que los jóvenes también se interesen por las vocaciones sacerdotales. Sin embargo, hasta la fecha ningún muchacho ignaciano-chiquitano ha abrigado la formación teológica para el apostolado sacerdotal de servicio a Cristo.
El padre Jesusito, como cariñosamente le dicen los feligreses de San Ignacio de Velasco, junto al padre Víctor Cabao, atiende la parroquia San Francisco de esta capital de provincia, integrada por 10 barrios y 13 comunidades indígenas. Esta parroquia fue fundada en 1988 con la premisa de seguir los pasos de Francisco de Asís, de trabajar por los pobres, marginados y enfermos.
Muñoz llegó a San Ignacio en la misma fecha de creación de la segunda parroquia más importante de esta tierra colorada, luego de trabajar pastoralmente en Roboré y San José de Chiquitos. Cotidianamente se lo ve por las calles, con su hábito color café, calzando abarcas, con la Biblia en mano, agua bendita y hostias. Suele sentirse muy cansado, pero no lo demuestra cuando tiene que acudir al llamado de los vecinos para salvar almas de moribundos y de enfermos, para darles el sacramento de la confesión y comunión y extrema unción.
En 23 años de trabajo en esta población hizo esfuerzo por paliar el déficit habitacional que hay en Bolivia, construyendo 40 viviendas sociales para campesinos pobres, mujeres viudas y abandonadas con hasta cinco y seis hijos, que ahora viven dignamente en la urbanización El Bisito del Divino Niño. El proyecto se ejecutó en terrenos cedidos por la Alcaldía ignaciana y con la ayuda económica de España. Muchos españoles apadrinaron a niños, jóvenes y ancianos de San Ignacio. Para favorecer a muchas familias se invirtió un millón de bolivianos en las casas. Algunos de los adjudicatarios están devolviendo peso a peso el valor de su vivienda, otros se niegan. La idea es recuperar el dinero para seguir favoreciendo a otras personas sin techo.
Con la voz cansada habla de construir un salón multiuso y un santuario, donde la gente se junte a discutir su problemática, pero también a orar y dialogar con Dios. El plano lo ha diseñado el Arquitecto ignaciano Mauricio Hernando y se espera que el pueblo colabore para hacer viable esta obra.
La presencia de los sacerdotes franciscanos también hizo posible el Proyecto de Familias Unidas con Cristo (FUC), donde las mujeres reciben capacitación en manualidades para generar ingresos para sus familias. Las personas de la tercera edad también reciben alimentación en el comedor construido entre el Rotary Club San Ignacio y el gobierno comunal.
El padre Jesús señala que siente una espina porque no hay jóvenes interesados en el sacerdocio, solo una chica ingresó al convento de las Clarisas y se fue a una parroquia en España. Pero también está feliz de crear, con ayuda de benefactores de España y Austria, la orquesta Paz y Bien, de la parroquia San Francisco, integrada por niños y jóvenes que son formados por músicos de Urubichá y Ascensión de Guarayos. Se trabaja en la promoción de la música boliviana, oriental y misional.
El padre Jesús es el menor de seis hermanos, nacido en Santa Teresa de Ávila (España). A los 28 años se ordenó sacerdote. Ha cumplido sus bodas de oro en el apostolado. Dice que ama Bolivia porque tiene su propia magia. Si lo llevaran a la ‘madre patria’, asegura que se escaparía y retornaría a la Chiquitania.

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