Páginas vistas en total

lunes, 15 de septiembre de 2014

las mieles del poder, es una vieja obra literaria, que Manfredo Kemppf asume para un artículo virtual, aquí analiza"las bravatas de quedarse para siempre en el Palacio" y relata el escritor su propia experiencia. sin recursos, bloqueados, reclamos sin dinero para atender, ni minerales, ni gas extra que vender, sin cheques del exterior, y sin los chinos que compraban nada. compara ayer y hoy, EM tuvo sus penurias de niño y de joven, lo que no le da derecho a desvirtuar la democracia.

Eso de andar diciendo que uno ama el poder y que ha llegado con la intención de quedarse para siempre, debe causar una gran satisfacción personal pero resulta tremendamente peligroso. Seguramente que quien lo expresa se siente un superhombre. Decir que si el pueblo quiere se quedará gobernando hasta que lo saquen fiambre del Palacio es, además de burlesco, antidemocrático, y puede provocar reacciones también antidemocráticas entre sus opositores.  No hay que estirar tanto la soga ni jugar con fuego. Menos en Bolivia donde los votos son volátiles y la paciencia se acaba. No son aconsejables, entonces, ni para S.E. ni para el sistema de derecho, esas bravatas de permanencia eterna en el mando. Ya sea la persona o el partido.
Con certeza que si hubiéramos tenido la posibilidad de gobernar no habríamos querido permanecer toda la vida en el mando, porque en nuestra corta experiencia política, la situación que  vimos en el Palacio no fue nada grata. Era un solo sufrimiento porque no había un centavo partido por dos y porque, de yapa, vivíamos  bloqueados en la carretera Cochabamba-Santa Cruz, mataban a nuestros soldados en el Chapare, se producía la llamada Guerra del Agua, los corruptos acusaban de corrupción, la oposición parlamentaria era implacable, y los reclamos salariales tupidos. No había plata para nada, menos para poner un spot en TV7 mostrando la entrega de alguna obra o de un bono.
Eso  porque los minerales no valían un adarme ni el gas tampoco. No había cheques que llegaran del exterior fuera del Presupuesto. Y los chinos todavía distraían su hambre atávica con algas y lombrices y recién empezaban a mostrar el dinero de hoy para comprar todos los granos del mundo.  Gobernar ahora, con los chinos ricos construyendo satélites y comprándolo todo al cash y disfrutando de mercados consolidados para el gas, no es lo mismo que hace diez o veinte años, cuando se administraba el Estado en medio de gran sufrimiento. Hasta poder recibir dignamente a un mandatario extranjero no dejaba de provocar sofocones en el Protocolo por los costos. Ahora se recibe a cientos de invitados con pasajes pagados, cama y banquetes. Y varias veces al año.
Armar un viaje del Presidente al exterior era cosa de locos. En primer lugar porque el Congreso no le daba permiso para salir del país. Y luego había que comprar los pasajes en líneas comerciales (el Sabre Line FAB 001 apenas llegaba hasta Lima). Y agenciarse platita para los viáticos, en abierta pelea con la respectiva comisión de Diputados, a veces en manos de la oposición. Hasta para ausencias por enfermedad grave del mandatario los diputados ponían cortapisas con móviles inconfesables. Los desplazamientos al interior los hacía el Presidente con uno o dos ministros, su edecán, y parar de contar. No se podía pensar en caravanas de vehículos ululando con medio Gabinete chacoteando dentro. Eso de los “gastos reservados” era una bicoca al lado de los gastos sin ninguna reserva con que ahora cuenta S.E. Y la Contraloría miraba con la fijeza del águila la llave del Tesoro.
S.E. es un hombre con suerte. Y la suerte hay que aprovecharla bien. Pensamos que con platita debe ser fantástico gobernar. Seguramente que S.E. nunca ha tenido un apuro económico desde que está en el gobierno. Bueno, él ya tuvo sus penurias desde muy joven y merece desquitarse. Pero que tampoco diga que se quiere quedar para siempre disfrutando de la manga. O que se van a quedar sus “hermanos”. Los billetes se pueden terminar de un momento a otro y cuando se es rico quedarse pobre es terrible. No es lo mismo que ser pobre toda la vida que es lo que sucede con nuestro pueblo. El pueblo boliviano no sabe lo que se debe gozar con mando, oropeles, lisonjas y dinero. ¡Ni se imagina! El pueblo piensa que S.E. no tiene sino su “kato” de coca en el Chapare.
Con tanta plata del Estado, para que a S.E. no se la quieran quitar a la fuerza, debería invertirla bien en vez de malgastarla. El despilfarro es un pecado en naciones paupérrimas. ¿Cuántos millones y millones de dólares se ha tirado el MAS en la propaganda electoral solamente? ¿Acaso necesita gastar fortunas si tiene un apoyo tan formidable? ¿Para qué invitar rangosamente  a Bolivia a tanto badulaque que llega a hablar de socialismo y de medio ambiente cuando aquí sobran charlatanes sobre el tema? S.E. debería gastar en lo que le hace falta a su pueblo, que va más allá de aplaudidos “regalos” deportivos que pasarán al olvido.


Y que no anuncie que se quiere quedar hasta que lo saquen tieso del Palacio, ni que el MAS permanecerá en el poder hasta el final de los tiempos. Eso de afirmar que ha llegado para quedarse desvirtúa la democracia, desmoraliza a quienes tienen la esperanza de llegar al gobierno mediante el voto, envalentona y anima entonces a los que creen que si el gobierno de turno entraba y ensucia el accionar democrático, todo está permitido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario