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jueves, 7 de enero de 2016

no será fácil restaurar la democracia en Argentina y Venezuela...aunque se puede decir que la tarea ya empezó. los populista hicieron todo para destruir las instituciones y utilizando el método pernicioso dela confrontación introdujeron "el odio como factor destructivo" en toda acción política. El Dia de SC.

Los ganadores de las últimas elecciones en Argentina y Venezuela tienen una misión comparable a la generación política que tuvo que restaurar la democracia en América Latina en los años ochenta, tras un largo periodo de dictaduras militares.
Tal vez el desafío sea mayor, puesto que los dictadores volvieron a sus cuarteles con el rabo entre las piernas, desacreditados, envueltos en escándalos de corrupción, narcotráfico y comprometidos con graves violaciones a los derechos humanos que los llevó al banquillo de los acusados y en muchos casos a la cárcel.
A diferencia de los golpistas del pasado, los populistas que han estado gobernando en el continente, con armas, estrategias y métodos muy parecidos, tuvieron la habilidad de utilizar la democracia como parapeto y ahora la van a usar para ponerle palos a la rueda a los que tratan de recuperar el sistema democrático y la institucionalidad bastardeados durante más de una década, respondiendo a la voluntad popular expresada en las urnas, donde se hizo presente el hastío contra los que engañaron a la gente con promesas de mayor justicia, equidad y desarrollo.
Los dictadores eliminaron el Poder Legislativo, proscribieron los sindicatos, mandaron al exilio a los periodistas y muchos medios independientes fueron cerrados. Trasladaron la administración de justicia a los cuarteles donde los disidentes eran encarcelados, asesinados o desaparecidos. Los populistas no cometieron semejante error y decidieron tomarlo todo, comprarlo, reclutarlo y ponerlo a su servicio con el mismo objetivo totalitario de los militares.
Además de ello, la irracionalidad con la que han administrado el Estado les ha permitido montar un gigantesco aparato burocrático que sigue funcionando a su servicio, de la misma forma que se mantiene gatillado el sistema judicial cooptado, la prensa comprada y, sobre todo en el caso venezolano, también los militares inclinan la balanza hacia el lado de Maduro, que goza de su respaldo para cometer toda clase de tropelías contra el estado de derecho. En Argentina hace mucho que el militarismo es una mala palabra, aunque el peronismo nunca dejó de tener bien puesta su ancla en los cuarteles, donde posee militantes de larga data.
El hecho es que a Macri le costará mucho lidiar con este aparato que ya le está causando problemas, como ha ocurrido recientemente con el caso de la fuga de unos traficantes de drogas ligados a las altas esferas del poder Kirchnerista. Se sospecha que jefes policiales leales a la expresidente Cristina Fernández tuvieron que ver con el polémico escape que no solo daña la imagen del nuevo gobierno, sino que pone en evidencia el poder que aún tienen los exgobernantes y que seguirán usando para boicotear. En respuesta, el presidente argentino ha puesto en marcha un nuevo plan de seguridad con un alto énfasis en la lucha contra el narcotráfico, actividad que ha gozado de muy buena salud tanto en Argentina como en el resto de las naciones bajo la fuerza populista.
En Venezuela, el chavismo hizo todo lo posible para que la oposición no asuma el mando de la Asamblea Legislativa y está claro que el gobierno de Nicolás Maduro no dará tregua para que la voluntad popular sea ignorada. En ambos países hará falta mucha integridad de la clase política ascendente para conseguir un cambio de rumbo.
Los dictadores eliminaron el Poder Legislativo, proscribieron los sindicatos, mandaron al exilio a los periodistas y muchos medios independientes fueron cerrados. Trasladaron la administración de justicia a los cuarteles donde los disidentes eran encarcelados, asesinados o desaparecidos. Los populistas no cometieron semejante error y decidieron tomarlo todo, comprarlo, reclutarlo y ponerlo a su servicio con el mismo objetivo totalitario de los militares.

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