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martes, 4 de septiembre de 2012

Maquiavelo presente de nuevo en el debate esta vez cuando El Dia se refiere a Estado y Propiedad. ambos conceptos para remarcar que nadie quiere regalarle al estado el fruto de su trabajo.


El pensador florentino Nicolás Maquiavelo, mentor de muchos líderes políticos a lo largo de la historia -incluyendo a los actuales que de la boca para afuera manifiestan seguir a Marx o Mao-, decía que un gobernante debe cuidar mejor la propiedad que la vida de los súbditos de un reino, pues las personas nunca perdonan cuando les arrebatan su patrimonio.

Eso nos debe llevar a reflexionar con mucho detenimiento en este país, donde según las denuncias de los empresarios, más de cien establecimientos mineros administrados por empresas privadas han sido avasalladas durante los últimos meses, por grupos de campesinos y cooperativistas que gozan de la anuencia del Gobierno. Mientras esto sucede en el occidente del país, en el oriente boliviano, también se cuentan por centenares las propiedades productivas que son el blanco todos los días de la invasión de estos sectores que gozan de la impunidad, de recursos para movilizarse y de la protección política para organizar sus actividades delictivas.

Ante esta situación conviene preguntarse ¿quién protege la propiedad privada en Bolivia? ¿Le interesa al Estado protegerla? Y lo más importante ¿qué consecuencias podría tener para la sociedad y los poderes constituidos esta situación de permisividad y falta de respeto a los derechos ajenos? 

Afortunadamente algunos en el Órgano Ejecutivo ya están viendo las consecuencias que está ocasionando el continuo daño a la propiedad y han propuesto la necesidad de una norma destinada a frenar los avasallamientos que en primera instancia, han ocasionado una dramática disminución de las inversiones, que restan actividad económica, menguan el empleo y por supuesto, los tributos indispensables para el funcionamiento del Estado.

Maquiavelo, de muy mala fama por decir las cosas tan crudamente, tenía mucha razón cuando hablaba de la necesidad de proteger la propiedad y es obvio que la gran mayoría de los gobernantes y monarcas le hicieron caso, a excepción de los socialistas que fracasaron estrepitosamente por querer reinventar la naturaleza humana, en la que está presente de manera  inherente el concepto de propiedad.

Maquiavelo, padre del estado moderno, decía que la propiedad es la base del Estado, lo justifica y le da una razón de ser. Y no porque sea más importante que la vida, sino porque la propiedad constituye la única posibilidad de supervivencia para cualquier ser humano. Es la base de su sustento, la que le posibilita alimentar y satisfacer las necesidades básicas de la familia.

Y el boliviano no es diferente al ciudadano del mundo. Si bien es cierto que nuestra gente es solidaria, de gran conciencia comunitaria, pero nunca ha sido socialista o comunista, en el sentido de regalarle al Estado el fruto de su trabajo y de su sacrificio para que éste se encargue de repartir los bienes entre todos, especialmente entre quienes no tienen callos en las manos. Es por ello que el “proceso de cambio” dejó de lado su discurso “socialistoide”, porque sabe que en el país, el chico y el grande, el pobre y el rico, todos tienen un alto sentido de la propiedad, aspecto que ha sido desnaturalizado por la acción de grupos que actúan de manera vandálica contra sectores que no hallan cómo defender sus derechos.

De no ponerle freno a esta situación, la destrucción de la propiedad puede ser letal para la existencia del Estado, porque en el fondo son lo mismo, son profundamente interdependientes y no pueden vivir el uno sin el otro.
Y el boliviano no es diferente al ciudadano del mundo. Si bien es cierto que nuestra gente es solidaria, de gran conciencia comunitaria, pero nunca ha sido socialista o comunista, en el sentido de regalarle al Estado el fruto de su trabajo y de su sacrificio para que éste se encargue de repartir los bienes entre todos, especialmente entre quienes no tienen callos en las manos.

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