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viernes, 20 de septiembre de 2013

Estados Unidos, Brasil, Chile son algunos de los países que suspendieron sus fiestas en La Paz.
Es que las relaciones "están astilladas" y tan mal conducidas que no hallan el ambiente fraterno.
Cancillería Boliviana no puede funcionar con tanto embajador militar improvisado. Lupe Cajías

EsEs difícil entender cómo se han astillado tan profundamente las relaciones externas de la república de Bolivia, actualmente Estado Plurinacional, con países vecinos y con otras naciones, después de un lustro que se anunciaba histórico por el proceso social que había culminado eligiendo a un mandatario indígena.
Este 2013, tres embajadas suspendieron sus festejos nacionales en sus respectivas sedes en La Paz. No dieron explicaciones oficiales, pero es evidente que no existía un ambiente normal para brindar junto a sus anfitriones bolivianos. Para una mentalidad plana, las recepciones diplomáticas son una simple ocasión para beber whisky o para comer gratis; no es esa su razón de ser.
En un mundo en paz, e inclusive durante conflictos, los embajadores de una nación moderna acreditados en otra nación moderna abren sus residencias —legalmente pedazo de su territorio— en su fecha cívica para compartir la historia, un estado de situación y para hacer anuncios sobre futuros planes, proyectos, convenios bilaterales.
Esas recepciones repercuten de forma simbólica y afianzan los lazos de amistad. Los invitados suelen ser representativos de sectores sociales, académicos, empresariales, artistas y de medios de comunicación, líderes dentro de la opinión pública. Los periodistas suelen conocer información off the record que ayudará a guiar su trabajo o a conocer detalles de algún asunto importante.
La Embajada de Estados Unidos, seguramente por primera vez en casi 200 años de relaciones, suspendió la velada, en la cual también suelen participar artesanos y campesinos con sus productos. Las amenazas de violencia, los discursos encendidos desde el Gobierno contra la Casa Blanca fueron seguramente las poderosas razones para ello, aunque la diplomacia prefirió el “no coment”.
Brasil, principal frontera nacional, socio con Bolivia en demasiados asuntos que no se limitan al gas y, sobre todo un aliado, también debió excusarse ante los invitados. El último embajador iba a despedirse. El caso Roger Pinto era cercano a ese 7 de septiembre. El clima hostil desde el discurso de algunos ministros contra la diplomacia y partidos políticos brasileños, seguramente precipitó la suspensión “por primera vez”.
Tampoco el consulado de Chile se animó a festejar como en tantos años, incluso con relaciones suspendidas. Seguramente esa representación diplomática prefirió evitar más confrontaciones.
Mientras, el abundante nombramiento de militares sin experiencia como embajadores es otro detalle de la decadencia de la cancillería masista. “Por primera vez” en democracia nos representan en el exterior tantas charreteras.
La autora es periodista, Chile

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