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viernes, 7 de diciembre de 2012

Claudio Ferrufino explaya en su "quién es quién" cuando muestra la danza de millones en el escándalo Sean Penn - Jacob Ostreicher que está sacudiendo los cimientes del evismo enfrentado a sus propias criaturas engendradas en la gestación del poder masista


MONÓCULO
Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Quién es quién en la danza de los millones?

De la danza de la muerte se debiera decir, ya que hay un país al borde de ser suicidado. Matarile para los más, riqueza para los pocos, la paradoja del nombre pluri se ahonda porque es falsa. Ni siquiera hay pluricultivo, pluriminería, plurinada. El estado monoteísta, monototemista, monotrema en el sentido de ubicuo y hábil para camuflarse, el ser peludo que deposita huevos, el esperpento.

Los ministros Linceo y Transparente chocan. ¿Acaso es una tragedia griega en la que el que mira lejos (de ahí viene la expresión mirada de lince), el de los ojos grandes, el argonauta, debe abandonar por el momento sus visiones de tesoros y tierras sin fin para enfrascarse en lucha con una ninfa andina, no etérea como las helénicas, a la que es difícil combatir porque no se ve, o porque lo masivo en términos de poder y ambición de su presencia impide ver nada? El pueblo alelado contempla; el que votó pensando que la derecha jamás volvería, que al fin habría trabajo y bienestar, mira incrédulo la repartija de millones entre los avezados defensores de los pobres. Quiso asistir a la fiesta y le permitieron licor y coca para embriagarlo lo justo, pero a la piñata no, a esa no lo invitaron: pertenece a los jerarcas.

El latrocinio desde el poder es enfermedad común. Ataca por igual a fascistas y a comunistas, y mejor asoma y se adentra en la piel de los que van por un lado y por el otro como los alisios según el hemisferio, vociferantes con el puño izquierdo en alto, mientras con la abierta mano derecha van depositando las ganancias de sus consignas en bolsillos, calzones, o donde las puedan meter.

A esto ¿qué papel jugamos el resto? El de idiotas, no hay duda, bobalicones a los que les cae la baba mientras a los de arriba se les caen los billetes, para los cuales siempre hay un segundón que los recoja y guarde. Es para quedar exhaustos, con un papelito ora rojo, ora azul con un nombre inscrito. Como peleles, arlequines, bufones, tristes pierrots de un teatro fuera de nuestro alcance. ¿No era que se fue la derecha, que estaba enterrada? ¿O no comprendimos la semántica e izquierda y derecha vienen a resultar gemelas?

El caso del judío neoyorquino de Palmasola ha agitado al gobierno. Si no le dio infarto al menos soplo al corazón. Y eso que lo que observamos es solo la superficie. Quizá nunca sepamos a dónde fueron a parar las tajadas del pastel Ostreicher; por cierto que no es asunto únicamente de un grupillo de maleantes con título de abogado. El monto apunta en toda dirección, quizá hasta el mismo Olimpo de Júpiter tonante.

Se preparan con rapidez las coartadas que como final tendrán una gran interrogante. A lo sumo, y lo dudo, el escándalo podría llegar a descabezar un grande, quizá Linceo, tal vez la Transparente; tercia por allí un “inteligente” ex-jefe de diputados. Pero el negocio, esta vez sí plurifacético y multidesarrollado, está tan bien montado y tan extendido, que no se anotarán en rojo los números de pérdida. El saqueo de Bolivia por el MAS anota ganancia, con insignificantes percances.

Mucha gente espera un milagro, la aparición de un cometa que barra con la intoxicación masista. Otra es pasiva y conforme. Se siente bien con las limosnas, que añaden a su dieta un pan, un plátano. Peor les iba antes. Siempre seremos miserables -su razonamiento-; con suerte los vecinos los incluirán en la producción de cocaína que democratizará la fortuna, creen, pero que a la larga traerá más hambre. Siempre abyectos, siempre arreados.

Ya comienzan desde arriba peros y amenazas en la cuestión de los extorsionadores de palacio. De pronto se han puesto serios y hasta los beodos opinan con cordura. Cada quien se protege y afirma alianzas. A ratos parece que va a haber ruedo entre los “ellos” y los “nosotros”, con el tinte racial y a veces jocoso con que lo manejan. Aleccionadores y sirvientes se acomodan de culo a la pared; se sospecha de la sombra, se revisa la memoria.
5/12/12








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