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sábado, 4 de agosto de 2012

Evo va dejando rastro donde interviene como en el caso CIDOB, encapuchados, cleferos, policías todos utilizados para echar al TIPNIS, infiltración, espionaje "todo vale para su narcocarretera" El Deber


Los hechos se delatan por sí solos: la última y violenta recaptura de la sede cruceña de la Cidob no fue espontánea sino planificada y dirigida desde los niveles gubernamentales. Así lo demuestra el hecho de que efectivos policiales fueran allí destacados para apoyar la acción, en la que a favor de los oponentes al dirigente Adolfo Chávez no participaron indígenas de base, sino bandadas de encapuchados y cleferos reclutados de ciertos lugares de la ciudad, tal como fueron mostrados por los medios de comunicación. En todas estas cosas, el Gobierno dejó sus huellas digitales.
Otro hecho por demás revelador resultó la presencia de Melva Hurtado, que tomó el lugar de Chávez en la Cidob paralela, en un encuentro del masismo en Chuquisaca, Sucre, donde fue proclamado el presidente Evo Morales como candidato para las elecciones de 2014. En ese escenario, la dirigente dijo que los campesinos de tierras bajas están con el ‘proceso de cambio’. Más claro, agua.
Pistas similares es posible percibir en muchos tramos de la implacable ofensiva gubernamental contra quienes desde diversos sectores le hacen oposición. A veces, acusan rasgos de censurables recursos, como la infiltración. Fueron blanco de esta táctica algunos movimientos cívicos regionales, como el cruceño, que además del desgaste y resquebrajamiento de sus filas, registraron desvergonzados ‘cambios de frente’ de algunos de sus integrantes a los que se creía comprometidos con la causa...
Objetivo de todo: dividir para reinar, tanto desde fuera como desde dentro de las filas enemigas. El Gobierno colocó a la Cidob en la mira de este objetivo, tras el duro revés que le significara la marcha en defensa del Tipnis de 2011. Diseñó todo un esquema para provocar aceleradamente la ruptura del movimiento indígena del oriente que, aunque demográficamente minoritario respecto al occidental, representaba fuerza y tenacidad, selladas por una supuestamente férrea unidad en lo concerniente a la defensa de su territorio. Tan evidente característica le representaba al Gobierno un verdadero obstáculo para sus planes de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, con un tramo partiendo en dos el corazón del parque Isiboro Sécure, sin considerar para nada los negativos impactos ecológico-ambientales de la vía en el territorio del respectivo pueblo indígena.
¿Ha conseguido el Gobierno dividir al movimiento campesino de la zona oriental del país? El enfrentamiento entre ‘hermanos’ de la Casa Grande así lo confirma, aunque aún está por verse la magnitud real de la fractura, puesto que unas cuantas ovejas (dirigentes en pugnas) no hacen rebaño. Si la escisión es puramente a escala dirigencial o alcanza a todos los pueblos indígenas del oriente es algo que los hechos a producirse permitirán establecer más temprano que tarde.
Entretanto, lo único evidente es que el Gobierno consiguió dividir en dos bandos a la dirigencia de nuestros pueblos indígenas, ignorándose aún cuál, si el oficialista o el opositor, termina doblegando al adversario. Nos referimos a una disputa que todavía está en su comienzo y cuyo inobjetable origen, igual que otras grescas político-sociales que ocurren en el país, responde a la eficaz estrategia gubernamental de dividir para reinar.

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