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sábado, 11 de agosto de 2012

los ecos del mensaje de Oruro, van a seguir siendo motivo de análisis como el que nos ofrece a sus seguidores Karen Arauz .corrupción y narcotráfico apenas fueron mencionados.


El mensaje presidencial de este 6 de agosto, fecha que conmemora la Independencia de la República de Bolivia, difiere mucho del discurso presidencial del 22 de enero que celebra  la Constitución Política del Estado Plurinacional desde 2006.
El fallido intento de enero de presentar una imagen de estadista tecnócrata y moderno, se estrelló ante la dificultad que tuvo de hacer coincidir sus papeles y cifras con lo que le proyectaban en pantallas gigantes en power point.  Esto ocasionó una laberintitis colectiva a quienes le prestaron atención. Sin embargo, su obsesión por comparar sobre todo el período 2000 al 2005 con su período 2006 al 2012 –casi siete años de gestión- es inamovible.
El mensaje de este 6 de agosto -por primera vez en obligada cadena nacional de medios- hay que reconocer, fue un tanto más breve, políticamente de campaña proselitista -de tal modo y como estaba previsto- con una casi imperceptible señal de haber bajado sus niveles de intolerancia, furia acumulada y su animadversión hacia cualquier persona, sector o  gremio, que no comparta su optimismo sobre los logros de este proceso con el que aspira a trascender hasta el 2025.
Fiel a su personalidad disparó a los que se oponen a trabajar ocho horas o a la construcción de carreteras,  que les caerá el rigor de la condena social por poco patriotas. Se refirió al PIB que aumentó a 2.500 dólares el ingreso per cápita y un crecimiento de un 5.2  con la convicción que este es un logro casi particular, pues de las condiciones excepcionales del contexto internacional y los precios astronómicos de las materias primas que exportamos, obviamente no hace mención alguna.
Durante mucho tiempo pensé que los bolivianos somos el colmo de la susceptibilidad, que siempre desconfiamos de todo y vemos otras intenciones a las expresadas. Sin embargo y tratando de hacer una observación desapasionada y lo más objetiva posible, se puede decir que se trató de un meta-mensaje dirigido sobre todo a la clase media tradicional, a la oposición y por supuesto a los medios independientes. Aunque con tonalidades de historia satanizantes (afortunadamente se olvidó del imperio romano) sus dardos anticolonialistas no dejan blanco sin disparar, aunque pasó por alto el sufrimiento de los indígenas que se ha renovado con bríos a partir de la carretera por el Tipnis.
Si bien sus palabras significaban algo, su expresión, su entonación, expresan otra cosa. Su contenido no difiere mucho de una audiencia a otra, pero su mensaje oculto sí lo hace. La conciencia que éste es el mensaje más importante del año, el  impactante arribo por aire a Oruro y el despliegue de otra decena de aeronaves que transportaban vice, ministros, congresistas y novias, le causó tal complacencia, que el boato circundante le prestó una dosis de benevolencia.  Sus vitriólicos ataques fueron remplazados por palabras que pretendieron amortiguar los ruidos ensordecedores que sobre todo en lo referido a: uno, la creciente corrupción y falta de transparencia en los manejos de demasiados miles de millones de dólares en faraónicos y millonarios proyectos sin ninguna clase de apoyo técnico o estudios de factibilidad y sostenibilidad. Y dos: los informes relacionados al enorme boom en la producción de cocaína en el país, que merecen de SE una defensa muy preocupante por tomar de modo casi personal, la ofensa que estos informes le causan.
El polvo que está blanqueando la totalidad de nuestro territorio, fue un punto tangencialmente tocado en la intervención presidencial. Para el lente clínico de observadores, seguro que es muy llamativa la falta de ecuanimidad en este tema y por otra parte, la facilidad con la que SE pone sus manos al fuego por sus adláteres.  No importa la magnitud de las denuncias. Evo Morales siempre se da modo de dejar muy claro en qué medida gozan de su venia y su confianza.
 Habría que recordarle que Santos Ramírez era su hermano y compañero inseparable y que hay otra docena de funcionarios de conducta poco impecable, que  le han chamuscado públicamente las manos. El último informe relativo a la medalla de plata en la producción de drogas, lo ha tocado en lo más íntimo. O al menos eso se deduce de su reacción.
Eso es lo que se llama un meta-mensaje: lo que digo no es lo que busco que se entienda. No importa cuánto se esfuercen. No importa cuánto metan sus narices los medios en los asuntos del gobierno. Los sobrevivientes de la razzia  opositora, pueden terminar, en el mejor de los casos,  en una jaula dorada como el senador Pinto. La condena o la absolución, es su prerrogativa.  La intimidación está servida.
Tengo el pálpito que ni los votos los frenarán o atemorizarán en su propósito de reeditarse.

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