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lunes, 6 de agosto de 2012

Roger Cortés Hurtado responde su propia pregunta A quién sirve el Gobierno? lo hace con la precisión del docente que desnuda la verdad. estamos en la regresión.


Aun cuando la extensión de derechos y el empoderamiento de sectores subalternos autorizan considerar a este como un Gobierno popular, en un lapso rapidísimo ha encogido su representatividad y se ha abocado a promover privilegios y exclusiones.
En un principio este régimen representó principalmente a campesinos e indígenas. No sólo a ellos, sino a  amplios sectores populares de las ciudades y el campo que lo auparon y defendieron en contiendas callejeras, en una agria y cotidiana asamblea virtual  en los horarios en que se emiten los principales noticiosos televisivos;  también en discusiones hogareñas, entre amigos y colegas de trabajo.
La presencia y centralidad indígena y campesina impregnó la imagen de las instituciones políticas y de los principales representantes estatales.
Ese período ha concluido. Se reitera así en Bolivia, la tendencia de las revoluciones a regresionar; la novedad local podría ser la rapidez de tal fenómeno.
La cúpula gubernamental no escatima diarias condenas contra el capitalismo. Lo notable es que cuanto más se maldice al capitalismo en los discursos, más sano y rozagante aparece en los hechos: tanto, que no es demasiado arriesgado asumir el supuesto de que esta última década puede ser la de mayor avance y velocidad de expansión del comercio capitalista en Bolivia y la diseminación de relaciones asalariadas, que representa paradigmáticamente al capitalismo.
Avanza un capitalismo mercantil y especulativo, capturando la renta de exportación de materias primas, al mismo son que se estancan las capacidades de producción, nuestra productividad y la innovación tecnológica
Esta aseveración es estrictamente descriptiva porque, la verdad sea dicha, algún intento de esta conducción política de “acelerar” por medio de recetas “socialistas” convencionales ha empeorado invariablemente la situación.
El primer grupo representado en el bloque de poder es una burguesía comercial predominantemente importadora, de origen campesino que está desplazando a la tradicional de origen árabe, europeo o judío. Estableciendo alianzas con exportadores chinos y comerciantes de países emergentes, está en la cúspide y su apetito y talento de negocios lo abarca todo, incluyendo el comercio de tierras.
Un puñado de grandes transportistas, ocupan un espacio igualmente destacado en el bloque dominante.
De entre los campesinos, los cocaleros y medianos productores de oleaginosas instalados en las tierras bajas del este, son los que consiguen mayores concesiones, mientras a los nuevos colonizadores se les otorga el papel de avanzada para la redistribución poblacional y la geoestrategia de consolidación territorial.
A los campesinos parcelarios, la franja más ancha de clase media (en tanto ni obrera, ni burguesa), se les asigna una participación marginal en los presupuestos, y las políticas públicas, y se los beneficia con la distribución de discretos bonos y rentas.
Dado el gran retraso en inversiones productivas y sociales que llegan a esta mayoría social, sus desventajas comparativas continúan acumulándose, pese a lo cual todavía siguen prestos a dar sus votos por quienes identifican como sus legítimos representantes.
A los indígenas (productores  entre los que predomina la propiedad colectiva y una inconstante relación con los mercados) se les han cerrado puertas y mecanismos de acceso al Estado, que parece más bien decidido a impulsar políticas que conduzcan a su extinción.
El grupo de cooperativistas mineros que se enriquece y ensancha su canasta de inversiones es muy pequeño y enormemente poderoso, porque cuenta con el apoyo de las decenas de miles de trabajadores a destajo, los otros cooperativistas, que dejan la vida, los músculos y las entrañas en una loca carrera cotidiana por sacar su parte del alza de precios de los minerales.
Los altos funcionarios de Estado y del partido son el componente que ayuda a cohesionar los intereses, a veces contrapuestos de los otros miembros del bloque y el que “opera” situaciones de crisis, mientras negocia con exenemigos como los banqueros o los agro exportadores y, principalmente, con los principales dirigentes de organizaciones sociales, velando por llenar sus necesidades de ingreso, prestigio y poder, lo mismo que con la cúpula de los aparatos armados.
De origen pequeño burgués y de sus capas más convencionales, se desvive por esconder y negar esas raíces, apelando para ello a un rosario de afrentas verbales y pequeñas malevolencias como el congelamiento de sus ingresos, el aumento de sus obligaciones fiscales y la disminución de su movilidad social.
Esta burguesía burocrática, que justifica y teoriza la deriva del régimen, es la principal responsable de incrementar la ineficacia e ineficiencia de la gestión, ya que la mixtificación a la que recurre, deteriora la visibilidad de todo el equipo y provoca que no haya podido resolver ni uno solo de los mayores problemas que ha confrontado, limitándose a posponer los enfrentamientos y sembrar condiciones para nuevos y mayores estallidos.
El autor es docente universitario

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