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jueves, 19 de julio de 2012

califica como "triunfos de Evo" El Deber, al fracaso del TIPNIS, al perdonazo de Mallku Khota, el caso mina Colquiri, al caso Pinto, que nos está confrontando con Brasil

El Gobierno del presidente Evo Morales está ganando batallas de dudoso prestigio que provocan muchas dudas y temores en la población sobre el futuro de la democracia.
Derrotar a los caminantes descalzos del Tipnis usando, sin control ni mesura, recursos del Estado boliviano no tendría que ser algo de lo que nadie se pueda ufanar, sobre todo si se tratare de alguien que está operando en la política.
Poner todos los recursos que le permite movilizar el Estado en el afán de conquistar los votos de los habitantes del parque es, para comenzar, algo deshonesto para quienes entienden el alcance de ese concepto.
Decir que los líderes del Tipnis están perdiendo apoyo de la ciudadanía y al mismo tiempo movilizar a las FFAA para que entreguen regalos a los habitantes del parque, regalos que contienen un compromiso de compensación para el momento de la consulta, es algo indigno.
Por otro lado, concurrir a las negociaciones con los indígenas de Mallku Khota y culminar el arreglo con una solución que supuestamente beneficia a los indígenas, aunque perjudica al Estado, es poner la carreta delante de los bueyes y esperar aplausos por ello.
Decidir que la mina Colquiri debe ser administrada por Comibol y por los cooperativistas, solo porque estos últimos organizaron una toma violenta de la empresa, es algo que se hace por obtener aplausos del momento, aunque se siembran dudas para el futuro.
La pregunta que surge de todos estos casos es quién manda aquí.
Se ha detectado, según dice el diario Valor de Brasil, una actitud hostil de parte del Gobierno boliviano hacia los empresarios brasileños que operan en el país. Se ha dado incluso el caso de una mina manejada por una empresa brasileña que fue tomada como confirmando la existencia de esta tendencia.
Lo que inquieta a la ciudadanía ante este panorama tan incierto es cuándo se comenzará a aplicar políticas que hayan sido meditadas seriamente para beneficiar al país y que no sean resultado de impulsos repentinos, inspirados en hechos pasajeros.
Si Brasil es el vecino más grande que tiene Bolivia, pero además es el mayor comprador de productos bolivianos, quizá no sea muy inteligente enfrentarlo solo porque un senador opositor se ha asilado en la embajada de ese país. Peor todavía, quizá no sea una decisión cuerda crear un clima de confrontación con el país vecino que más se parece a una potencia mundial.
Después de las dificultades que ha tenido el país por la actitud hostil ante Estados Unidos, que es la potencia más grande del mundo, llevar las cosas hacia una confrontación con Brasil es algo imperdonable.
Alguien tendría que sugerir, dentro del Gobierno, o en las esferas más próximas, que es suicida para el país tomar algunas decisiones a partir de análisis deficientes de la realidad regional o a partir de prejuicios supuestamente ideológicos.
El país, Bolivia, está muy por encima de este tipo de impulsos momentáneos y es poco atinado inspirarse en ellos para tomar decisiones que afecten a todos los bolivianos.

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