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viernes, 17 de enero de 2014

Humberto Vacaflor se ocupa de las FARC y de los cocaleros. compara y muestra que los guerrilleros colombianos están en el Choré (las FARC) y entre broma y serio, nos revela hechos abrumadores.

En el curso de pocos días, el presidente Evo Morales en la ONU y las FARC en La Habana pidieron la legalización de las plantaciones de coca.
Es probable, por lo tanto, que exista un nivel de coordinación entre el gobierno del MAS y las altas esferas de las FARC, aunque de eso no se informa a los bolivianos.
Ambas fuerzas, como se observa ahora, tienen los mismos objetivos, aunque difieren en sus métodos.
Los cocaleros del Chapare tienen, como diría un economista, un uso más eficiente de los recursos. No se complican con el manejo de tropas, tan incómodo y lleno de detalles logísticos. Cosas de milicos.
En lo que las FARC les ganan a los cocaleros del Chapare es en el concepto espacial. No se quedan en un solo país, tienen como meta, para decirlo en términos conocidos, la consolidación de la Gran Colombia. Lo que no pudo Bolívar, lo están logrando las FARC.
Controlan el Orinoco, pero también el Río de La Plata. Controlan el Valle del Cauca, pero también el parque Choré de Bolivia. Están en México y en Argentina. Una visión global, en suma.
Y se diversifican. Acaba de conocerse que las FARC tienen una mina de tungsteno en el Cerro del Tigre en el Valle del Cauca, y que son proveedores de la Apple y la Samsung.
Los cocaleros del Chapare no han incursionado en minería, por lo menos como organización. Han dejado que lo hagan algunos de sus afiliados después de bien planificados asaltos a empresas mineras y a predios agrícolas. Son de la línea de la iniciativa privada; no son comunistas.
En lo que los del Chapare les ganan a las FARC es en la visión nacional. Han logrado tomar el poder y lo han hecho sin tanta parafernalia, sin diálogos latosos en La Habana.
Y han hecho alianzas con otros sectores ilegales, como los contrabandistas y los ladrones de mineral, con lo que lo tienen todo controlado.
Pero tanto los chapareños como las FARC saben que la base del negocio está en el control de la materia prima de las drogas.
En La Habana, los delegados de las FARC hablaron de legalizar las plantaciones de la coca pero también de la marihuana y el opio.
Son, en suma, una confraternidad de la economía real.

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