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jueves, 24 de enero de 2013

Erika Brockmann se refiere a la violencia contra la mujer y la muy extraña reacción del Ministerio Público y de la Asamblea Legislativa Chuquisaqueña


Mientras observaba las grotescas imágenes de lo ocurrido antes, durante y después de la violación de una mujer en el hemiciclo de la Asamblea Legislativa (AL) de Chuquisaca, sentía que el ultraje afectaba a todas las mujeres. Al agravio siguió la indignación y la impotencia, siendo insuficientes las voces y pronunciamientos públicos reclamando una rápida intervención para investigar y sancionar el hecho. Las señales dadas por los llamados a actuar provocan confusión y desconcierto. ¿Acaso no fue insólita y nada solidaria con la víctima la petición hecha para que la presunta violada denuncie “si se sintió agraviada”? La Fiscalía ya detuvo a los implicados y asume de oficio la investigación por otros ilícitos registrados, pero no por violencia sexual.
Ahora el funcionario responsable del sistema informático de la AL está detenido. Lo despidieron, al igual que a las mujeres víctimas, que deben sentir las consecuencias familiares, sociales y sicológicas de tanto ultraje. Extrañamente, los asambleístas responsables de este abuso se escudan en el “estaba borracho que ni me acuerdo”. ¡Ojo!, que el alcohol no es causa; es simple facilitador de estos hechos.
Lo ocurrido pone a prueba la aplicabilidad de las leyes que abundan y que festejamos con bombos y platillos en ocasión de su promulgación. Temo que si fracasamos en la búsqueda de la verdad histórica, habrán ganado los no siempre santos ‘usos y costumbres’, sean señoriales, plebeyos o comunitarios.
Nos graduamos en la elaboración de leyes de papel. Este hecho interpela especialmente a nuestros líderes, que deberían ser modelos de integridad. Mientras algunos gritan ¡basta a la impunidad!, no faltan los que trivializan estos ‘deslices masculinos’ y del poder. La realidad del machismo nos golpea con crudeza y cinismo; “así nomás había sido”. No es que la sociedad enfrente una crisis moral y de valores. Las crisis implican deterioro respecto a un mejor pasado. Y es que la violencia contra la mujer está hace siglos instalada. Urge tomar conciencia no solo de la gravedad de la verdad histórica, sino de otros casos que se silencian y nos contagian de impotencia
Sicóloga y politóloga

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