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lunes, 28 de enero de 2013

María Galindo de Mujeres Trabajando, les llama simplemente VIOLADORES, que describe una fotografía común a este tipo de delincuencia refiriéndose concretamente al caso de Sucre.


Quiero subrayar los rasgos comunes y las diferencias entre el violador masista legislador en la Asamblea de Chuquisaca con cualquier otro violador. No se trata de una comparación ociosa, sino de cuestionar las declaraciones de Gabriela Montaño que confunden a la opinión pública al querer ver la violación ocurrida en Chuquisaca como un fenómeno que es parte del machismo social generalizado en todas las estructuras e instituciones de la sociedad boliviana.
Como cualquier otro violador, el legislador violador se siente inocente, no reconoce haber cometido un delito, porque considera que la mujer violada no fue tomada por la fuerza y, porque como cualquier otro violador, considera que todas las mujeres que él desee están a su disposición. Presiona como todo violador a que sea la víctima la que tenga que demostrar su inocencia. Como cualquier otro violador, dice no recordar nada y haber estado borracho, porque en lugar de agravar las cosas considera que el alcohol lo redime de la responsabilidad de los hechos. El legislador violador es diferente en el hecho de que al violar a su víctima ha ejercido un acto de doble poder sobre ella, ejerció el poder masculino de sentirse propietario de la mujer que violaba y, además, ejerció el poder de ser su jefe y poder disponer de su fuente de trabajo al mismo tiempo. Por eso el delito que ha cometido es doblemente abusivo y grave.
El legislador violador cumplía el papel de dictar norma para una región del país, el hecho de que sea un legislador amplifica el delito porque lo convierte en un modelo que para el conjunto de machos violentos del país se convierte en un mensaje de reforzamiento de su comportamiento, de normalización y de confirmación de que violar a una mujer es parte de la condición de ser hombre en la sociedad boliviana. El legislador violador siente que sus compañeros de partido lo han traicionado y que está siendo juzgado porque el interés es quitarle el cargo y no juzgar la violación a una mujer. Él siente que se usa ese hecho como un pretexto para lo que es verdaderamente importante, que es quitarle el poder que tenía.
El comportamiento del legislador violador es de nuevo doblemente grave porque siente que está sufriendo una injusticia y no que está pagando una injusticia cometida. El legislador violador era un representante político y no un administrativo con lo cual había sido elegido por el partido y por eso el acto de violación cometido interpela también al partido que lo eligió como su representante

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