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domingo, 26 de mayo de 2013


OSTREICHER REHEN DEL GOBIERNO DE EVO

"odio visceral de Morales a todo lo norteamericano ha hecho de Jacob un rehén del Estado" estudio de un odio de toda la vida alimentado por Castro y Chávez


Para analizar los conflictos del actual gobierno boliviano con EEUU se tiene que partir de la base de que existe una antipatía histórica de S.E. con esa nación, que data desde las épocas en que el actual mandatario era un activista bloqueador en el Chapare y, por tanto, enemigo declarado de la erradicación forzosa en que, por entonces, se empeñaban los sucesivos gobiernos, con respaldo norteamericano.
Estamos, entonces, ante una relación visceral de muy difícil solución. A la antipatía histórica contra los gringos por el tema de los cultivos de coca, se agregaron otros factores que convirtieron a S.E. en verdadero enemigo de los EEUU Esos factores, fueron Chávez, Castro, las satrapías fundamentalistas árabes, el dictador persa, y las viejas caras conocidas de izquierdistas nativos, todos declarados antiimperialistas, que habían fracasado en su afán de capturar el gobierno en la década de los 70.
Por tanto, no se podía esperar otra cosa que lo acontecido. Borrar del mapa las inversiones estadounidenses, desligarse de la ATPDEA, expulsar a embajador Goldberg, echar a la DEA y USAID, y provocar, asimismo, que EEUU decida retirar a las NAS de Bolivia antes que sea expulsada y los norteamericanos deban recibir otra bofetada. EEUU ha optado por lo más práctico: dejar al Gobierno Plurinacional con las manos libres para que haga lo que quiera con la coca, el narcotráfico y hasta con el comercio bilateral.
Pero el problema con los norteamericanos no termina ahí. Si piensan que han resuelto su tema con Bolivia, se equivocan. Queda una espinita molestosa que se llama Jacob Ostreicher. Y en el caso Ostreicher no vale Sean Penn, simbólico embajador de Bolivia, porque rápidamente el actor se está dando cuenta de que lo de Ostreicher es más peliagudo de lo que pensaba. Jacob Ostreicher no es un procesado cualquiera por culpa involuntaria del propio Sean Penn que trató de ayudarlo. Ostreicher se ha convertido en un personaje tan importante en Washington, que ha pasado de un triste preso sin sentencia en Palmasola, a ser un rehén del Gobierno masista. Eso es Ostreicher en estos momentos para quien no lo entienda: un valioso rehén.
Jacob Ostreicher va a peregrinar por La Paz y por donde quiera con sus papeles bajo el brazo que certifican su inocencia, pero al Gobierno le importa un pimiento si es inocente o no. Lo que interesa a la alta jerarquía masista es que el ciudadano estadounidense vale mucho si está impedido de salir de Bolivia, porque puede ser una bella carta de negociación. Saben los actuales gobernantes que EEUU pondrá todo su interés en recuperar la libertad de su compatriota porque se sumarán reclamos y presiones. Se van a aprovechar de eso.
Ya dijo Ostreicher que Sean Penn reclamó a los congresistas de la Unión el por qué EEUU no ayudaba a Bolivia en el tema marítimo, por qué en las sustitución de cocales, por qué no en la extradición de Sánchez de Lozada. Es decir que Penn ha echado una de cal y otra de arena; ha tratado de cumplir con su labor de embajador para las “causas justas” que le encomendó S.E., pero como él ya huele que le tomaron el pelo lanzó la idea loca de amenazar con que se suspenda el paso por Bolivia del Dakar si no liberan a Ostreicher.
El rehén vale y hay que sacarle provecho. Así que se lo debe vigilar de cerca y mejor si se lo vuelve a guardar. ¿Por qué no proponer su canje por Goni? He ahí una monumental aberración jurídica, un abuso inconcebible contra el derecho, pero, ¿acaso no hace estas cosas diariamente el masismo? El Gobierno no tiene apuro para negociar con su valiosa carta. Puede esperar todo el tiempo que quiera, mientras Ostreicher no tiene ese tiempo, está desesperado con justa razón, y ya existe una opinión pública norteamericana que está inquieta. Todo corre a favor de los actuales gobernantes, que además hoy no tienen obligaciones ni deudas con EEUU. (Firmado: Manfredo Kempff)
El Deber – Santa Cruz

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